reseña LOS HERMANOS KARAMÁZOV

Reseña: Dios a debate en LOS HERMANOS KARAMÁZOV de Fiodor Dovstoievski.

Reseña de Los Hermanos Karamázov de Dovsoievski, una gran obra de la literatura rusa.

Los hermanos Karamázov, considerada una de las mejores obras de la literatura rusa, reviste, además, una singular importancia por resumir la vida y pensamiento de su autor, Dostoievski, un hombre «en continua lucha», según dijo Tolstoi. El sufrimiento, el dolor, el tema de Dios, aparecerán en la última de las obras del genio ruso que, dos meses después de verla publicada, murió. De alguna manera podríamos decir que la novela es el testamento intelectual de su autor.

En la novela se nos cuenta la historia de una familia, de los hijos de Fiodor Pavlovich Karamázov, un terrateniente borracho y profundamente corrompido: Dimitri, violento y apasionado; Iván, ateo materialista; Aliosha, el monje y héroe de la novela; y el bastardo Smerdiakov. La novela gira en torno a las relaciones que tienen entre ellos, y entre ellos y su padre, al tiempo que alza la voz frente a una sociedad en decadencia.

«Un hombre en continua lucha»… y eso es lo que reflejan sus personajes. La tensión que desprenden, sus continuas peleas interiores, son el sino de la novela, algo que se plasma en otras novelas como Crimen y castigo, Los demonios, etc. Y, como en otras ocasiones, el tema de Dios está latente en todas sus páginas. No hay discusión entre los personajes que no desemboque en Dios. En un Dios al que se necesita y no se ve, pero al que también se puede amar y habla a través de las personas santas y de la naturaleza. Dostoievski se debate y decanta por los dos bandos que encarnan la novela: la de Iván, ateo convencido y materialista profundo, para quién Dios no es más que una entelequia de los hombres; y el bondadoso Aliosha, creyente y religioso. Es en ese contexto dialéctico en el que se encuadra una de las ideas más reconocidas de Dostoievski: el de un Dios garante de la moralidad. Si Dios no existe, todo está permitido.

«¿Qué haremos si Dios no existe, si resulta que Rakitin tiene razón al pretender que es una idea inventada por la humanidad? En ese caso, el hombre sería el rey del mundo. Magnífico. Pero yo me pregunto cómo podría obrar bien sin Dios, a quién amaría el hombre entonces, a quién cantaría himnos de alabanza».

Y, si Dios no existe, ¿cómo es posible que esa idea haya nacido de la cabeza del hombre? He aquí la reflexión de otro de sus personajes:

«El hombre inventó a Dios. Pero no es eso lo extraño, ni tampoco es prodigioso que Dios  existiera realmente; lo extraño es que semejante idea haya podido surgir en el cerebro de un animal tan feroz y maligno como el hombre ya que es una idea tan sagrada, tan conmovedora, tan profundamente sabia y que tanto honra al hombre».

Aparte de eso, pero en completa conexión, el autor reflexiona sobre el tema del amor, la relación padres e hijos, el dolor… Y, en ocasiones, lo hace con la fuerza de quien habla en primera persona. Dostoievski perdió a un hijo a los tres años, lo que aparece reflejado en el propio libro con una fuerza intempestiva.

Se trata de una novela compleja, de difícil lectura, al menos para los que no han leído nada de literatura rusa antes. Y, sin embargo, tiene una carga de profundidad y una vitalidad que la convierten por derecho propio en una de las obras culmen de la literatura universal.

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