JUEGO DE TRONOS 8×06, el fin de una era: los reyes (y reinas) no nacen, se hacen.

Ocho años después, ha llegado el fin de Juego de Tronos. Con unos espectadores divididos, el último episodio se celebraba sin muchas expectativas y con bastante polémica después del rechazo que ha causado la octava temporada. Independientemente de todo esto, lo que está claro es que se ha terminado un fenómeno televisivo que incluso ha superado al de Perdidos en su momento.Me cuesta escribir este blog porque tengo sentimientos encontrados y confundidos, pero voy a intentar hacerlo bien.

El problema de la octava temporada

Como bien comentaba en el post anterior, hemos tenido un serio problema de timings. Os lo voy a poner así: a mi todo lo que ha ocurrido en la octava temporada me parece acertado pero no comparto cómo se ha desarrollado. Con demasiadas prisas, sin mucha coherencia y han dejado muchos plot holes. Una serie que genera tanto dinero desconozco por qué no ha apostado por una temporada más: lo tenían en bandeja. Desarrollas en la octava temporada toda la trama de los Caminantes Blancos y les das el protagonismo que se merecían, a la vez que vas mostrando poco a poco la locura de Daenerys – y finalmente, en una novena temporada vuelves con la trama de Desembarco del Rey: más protagonismo a Cersei, la decadencia final de Daenerys y un final mucho más argumentado sobre la elección del nuevo Rey.Todo, absolutamente todo, lo que ha pasado en la octava temporada, no hubiera despertado tanto rechazo si lo hubieras alargado en más episodios. Ya no digo una temporada más, pero llegar a los diez episodios de rigor quizás hubiera sido más que suficiente. 

¿El motivo? Quiero pensar que hay un motivo mayor que el aparente egoísmo de los productores David Benioff y D. B. Weiss. Después de la positiva reputación que se han construido a lo largo de estos ocho años (que ahora se ha perdido), se les han planteado proyectos de lo más interesantes como dirigir  Star Wars. Quizás ha habido presión para finalizar Juego de Tronos de una vez y aceptar este nuevo reto. Sea lo que sea, lo que han demostrado es una falta de independencia brutal: no han sabido volar solos, necesitaban las alas de George R.R. Martin para mantener la esencia de Juego de Tronos en esta temporada final. Solo el escritor es capaz de ofrecernos el desenlace digno que merecemos. Independientemente del resultado, insisto que el problema ha sido en cómo se ha desarrollado.

Ahora, vamos a ir parte por parte, analizando el destino final de nuestros tres protagonistas:

Daenerys Targaryen

Los primeros treinta minutos de la serie son brutales, hasta que sucede la muerte de Daenerys. Se palpa la tensión que nace de la Reina en oposición al descontento de Tyrion Lannister y Jon Snow. Todos sabíamos que Daenerys moriría pero nos equivocamos con el cómo: la profecía de Melisandre que los fans interpretamos queda incompleta por parte de Arya y es Jon Snow mismo quien termina con la vida de su amada, de la misma manera que Ygritte también murió en sus brazos. Mucho más épico que sea el propio Jon Snow quien termine con su vida: al menos vemos algo de razón en él en esta temporada por primera vez. Al menos ha hecho algo. El reino de Daenerys termina horas después de su victoria, con una muerte amarga y realmente triste. Todos nos preguntábamos por Drogon, quien demuestra ser una criatura muy inteligente: sabe, en el fondo, que Daenerys no ha hecho bien las cosas. Quizás por eso deja vivir a Jon Snow. Derrite el trono, el causante de la muerte de su madre, y pone rumbo a Valyria con Daenerys entre sus garras. Un final poético que cierra el ciclo de los Targaryen y que cumple con las predicciones que teníamos los espectadores. Primera parte cerrada.

Jon Snow

Lo de Jon Snow es lo más inaceptable de esta octava temporada, muchísimo peor que lo que han hecho con Daenerys. Muchos se quejan de la locura poco desarrollada de la Targaryen pero lo del bastardo es todavía menos justificable. Jon Snow, quien ha tenido una evolución brutal en esta serie, quien incluso ha revivido de la muerte, de repente se escoge un desenlace muy poco digno para él. Lo único justo que ha hecho es matar a su Reina, y a pesar de ello, es castigado y no se habla del tema. Jon Snow se va apagando a lo largo de la octava temporada y cierra su final tal y como lo empezó: en el Norte. Se le da un protagonismo exagerado pero sin personalidad alguna, para luego maltratar el destino de este personaje. Hay demasiadas cosas sin conectar en su trama: ¿por qué escondes el secreto de su casa a lo largo de toda la serie si al final resulta en nada? ¿Por qué lo revives? ¿Por qué lo vas haciendo crecer tanto para luego dejarlo como un tonto (literalmente)? Tampoco haces aparecer a Jon Snow en el juicio final, cuando se elige al nuevo Rey. ¿Hay algo más importante que aquella reunión? ¿Cómo puede faltar el testimonio de Jon Snow? Lo vemos luego, desgastado y hundido. Para que exista la paz entre el resto de reinos, se le obliga a unirse de nuevo a la Guardia de la Noche que, por suerte, es solo una excusa y ya no existe. Jon Snow se reencuentra con su amigo Tormund y su compañero Fantasma para convertirse en un free folk, alejado de las tramas políticas, de la ambición y el poder. El final de Jon Snow es amargo e infeliz; aunque estará rodeado de buena compañía, no era el destino que se merecía. Hubiera preferido que hubiese muerto de una forma épica y así, al menos, quedar como el héroe que ha sido durante toda la serie. Espero que en los libros esto sea diferente porque lo que han hecho con Jon Snow no tiene ningún sentido.

Tyrion Lannister

Tyrion Lannister es, sin duda, el protagonista real de esta serie. De nuevo, Peter Dinklage nos regala la actuación estelar que nos merecemos: desde su encuentro con los cadáveres de sus hermanos, su rechazo como Mano del Rey hasta su conversación con Jon Snow cuando es prisionero o su speech durante el juicio. Va a ganar el Emmy otra vez, queda dicho. Tyrion es el personaje mejor desarrollado de toda la serie y los productores, como han hecho con Arya, han sabido respetar hasta el final y mantener así sus valores y principios. Tyrion es fiel, inteligente, justo, con sus fortalezas y debilidades, pero sigue el mismo hasta el final. El destino de Tyrion es el que todos merecemos y de los más felices: de nuevo, Mano del Rey, aunque todos sabemos que ejerce más de Rey que otra cosa. El Lannister en quien nadie confiaba, ni su padre, ni su hermana, es el último con vida y a quien le espera un nuevo comienzo de lo más optimista. 

Y ahora, vamos a lo importante: Bran El Tullido, el Cuervo de Tres Ojos, el Nuevo Rey.

No, no me parece nada mal que Bran Stark sea el nuevo Rey. Como bien siempre he valorado de esta serie es su capacidad para sorprendernos. Pocos esperábamos que Bran sería elegido como Rey, aunque se había planteado algunas veces. El problema, de nuevo, es que nos encontramos con un problema de timings: ¿de verdad solo hace falta un speech de dos minutos por parte de Tyrion para que todos se pongan de acuerdo con que Bran merece el trono? El trono ha sido el problema siempre en esta serie (¡que es el título!): la ambición, el poder, el linaje de las casas. Y de repente, Tyrion te hace un discurso (que muy bien interpretado, por supuesto) y ya está, tenemos nuevo Rey. Pero a ver, aquí hacía falta una discusión, con personajes que se pelearan por el trono, no marionetas que se conforman a la primera. El Príncipe de Dorne o Yara Greyjoy aceptan el nuevo Rey sin tener ni idea de quién es. ¿Dónde queda la importancia del linaje de las casas? ¿Por qué nos han vendido, por ejemplo, el protagonismo de Gendry Baratheon si al final su papel queda en nada? No es ni motivo de disputa. Ha faltado muchísima intensidad en esta reunión. 

Lo mismo sucede con el Norte. Sansa, pues muy envidiosa ella, reclama el Norte como estado independiente y Bran se lo cede en un segundo. ¿Y nadie dice nada? Las Islas del Hierro mismo siempre han querido ser independientes  y ahora no se oponen ni reclaman serlo ellos también. Dorne igual. De nuevo, es cuestión de tiempo: con más episodios, hubiéramos vivido una guerra verbal mucho más emocionante entre los diferentes reinos. Sansa se sale con la suya y nadie dice nada (que a mi me encanta que se la Reina del Norte pero ha sido demasiado fácil). 

Y bien, sobre Bran… que ha hecho un Doctor Strange en toda regla. A pesar de no querer el Trono, que me lo creo, intuyo que visualizó diferentes futuros y vio que él como Rey era el más prometedor. Lo sabía absolutamente todo y se lo calló. Total, ya vimos en la primera reunión del Consejo Real que Bran está ausente y quien toma las riendas es el propio Tyrion. Dejemos que Bran se quede sus movidas y que Tyrion mueva las fichas con su nuevo Consejo Real (el cual mola mucho).

Al final la lección que nos queda es: los reyes (y reinas) no nacen, se hacen.

(Y por cierto, brillante la alusión de Sam a la democracia, aunque queda en unas risas y ya está. Guiño, guiño)

La reflexión final

Hay algo extraño en mi hoy y que no me gusta: no estoy emocionada. No estoy ni triste, ni decepcionada, ni alegre, ni nada. Siento poco después de tantos años. Hemos vivido la reunión más esperada de los ocho años: ¿quién se queda el trono? Motivo de miles apuestas y debates en cenas con amigos, y que se resuelve en diez minutos de reloj. Pues no. ¿Dónde queda la emoción? Precisamente es lo que me ha faltado en este episodio: sentir. Un ritmo demasiado rápido que ha anulado la emoción que merecíamos los espectadores en el final de la serie: ¿dónde está la ambición, las ganas de poder de todo el mundo para tener el Trono? Ha sido un final poco épico.

Tampoco pedía un final feliz para todo el mundo pero sí un desenlace que respetara la evolución de algunos de nuestros protagonistas, entre ellos Cersei y Jon Snow, quien cuyo final es amargo, incompleto, mientras que otros han cerrado su ciclo a la perfección como Tyrion o Arya.

Las imágenes finales son bonitas, sí, pero logra transmitirme menos de lo que esperaba, a pesar de su gran calidad: Jon en el Norte, Arya a descubrir mundo, Sansa como Reina en el Norte y Bran en Desembarco del Rey. Cada uno hace su camino, como pasa en la primera temporada de Juego de Tronos. Una despedida de los Stark que nos recuerda al final del Señor de los Anillos, donde los hobbits despiden a Gandalf en los Puertos Grises. El tattoo de Sophie Turner The pack survives era un spoiler en toda regla. Ahora sabemos que es verdad y que los Stark son los únicos supervivientes casi al completo, aunque sus caminos se separan de nuevo.

A pesar de un desenlace raro, este es mi adjetivo aunque sea vago, me quedo con lo vivido estos ocho años (bueno, para mi seis que empecé más tarde): nunca antes había vivido una serie de esta manera, desde una actitud tan fandom. Lo increíble que ha sido compartir debates con mis amigos y expresar la opinión en las redes, discutir y formar nuevas teorías entre todos los espectadores, es el valor añadido de esta serie que recordaré. Por esto, aunque me duele este final tan precipitado, no puedo enfadarme y lo respetaré. Porque, desafortunadamente, pocas series nos presentan un final que complazca a todo el mundo y tenemos que quedarnos con lo vivido. Pocas series estarán a la altura de un final épico como Breaking Bad y por suerte, Juego de Tronos se aleja del desastre de Perdidos. No es un mal final pero era fácilmente mejorable. Cinco episodios más y todo se hubiera resuelto de una manera mucho más sólida y al estilo Juego de Tronos: lentamente, sin prisas, haciendo crecer los personajes por ellos mismos y no marcados por un final predestinado, conectando todos los puntos que faltaban por conectar. No pedíamos mucho más.

And now, my watch has ended.

1 Comentario

  1. Completamente de acuerdo contigo. Con los ingresos que genera GoT deberían haber hecho otra temporada más, así le habrían dado la evolución necesaria a cada personaje y situación.
    Y, por cierto, el final me ha dejado frío e indiferente. No es el broche que merecía una serie como esta. Espero que los libros vayan por otro camino.

    Saludos!

1 Trackback / Pingback

  1. ¿Qué están haciendo los actores de Juego de Tronos? Sus próximas películas y proyectos. -

Deja un comentario