CHERNOBYL: un ataque a la mentalidad rusa y el heroísmo enmascarado. VOCES DE CHERNÓBIL de Svetlana Alexiévich y CHERNOBYL de Johan Rech (HBO) en contraste a las empresas turísticas.

Esta es, probablemente, una de las publicaciones más importantes que he escrito hasta día de hoy. No se trata de una simple reseña. A veces, me sorprenden las casualidades que se topan en mi vida: ya hace más de un año me entraron ganas de visitar Chernobyl y aprender más sobre el accidente nuclear. Este anhelo se acentuó todavía más cuando empecé a leer el libro de Svetlana Alexiévich, Voces de Chernobyl, considerado uno de los trabajos periodísticos contemporáneos más interesantes. Justo este abril que iba a pasar unos días en Kiev (y de paso visitar Chernobyl), HBO anunció la nueva miniserie que ofrecerían a los espectadores durante el siguiente mes de mayo. Serie que, por supuesto, estoy siguiendo. Así que en cosa de un mes y medio, he aprendido muchísimo sobre el accidente nuclear, viviendo la experiencia desde muy cerca y siendo capaz de formar mi propia opinión sobre el tema. Esta publicación, así en resumen, compara lo que viví durante el tour de día entero en Chernobyl con el trabajo de Svetlana y la serie de HBO. Porque no, no tiene nada que ver. 

Iré por orden cronológico de cómo lo viví yo todo. 

Después de leer las mejores reseñas en Tripadvisor, reservamos el tour de Chernobyl con una empresa privada. Todos los clientes decían que había sido el mejor tour de sus vidas y que era visita obligatoria para conocer en detalle el accidente nuclear de Chernobyl. Las expectativas eran altas.

Ir a Chernobyl es viajar en el tiempo. Vuelves al 1986, todo está parado, todo está en silencio. No hay índices de vida urbana. El cielo es gris, llueve casi todo el rato y el aire no huele a fresco, a pesar de encontrarnos en medio de la nada.

El tour fue realmente impresionante. Visitar el propio reactor nuclear, la ciudad fantasma de Pripyat o comer en la central nuclear un menu típico de los trabajadores de allí son experiencias únicas. Tener la oportunidad de entrar en las casas abandonadas y ver cómo la gente dejó sus pertenencias pensando que podrían volver al cabo de dos días, sin saber que marcharon y que no regresarían nunca más. Entrar en silencio a una guardería fantasma, un escenario propio de una película de miedo estilo nórdico, o recorrer el parque de atracciones de Pripiat mientras el hierro oxidado todavía chirria. Descubrir una base militar de la URSS escondida en aquella área tan extensa, y que de poca utilidad sirvió porque el accidente nuclear sucedió justo después de ser construida, o bien sentir la contaminación del conocido Bosque Rojo, sitio de leyendas donde los animales mutantes hacen su nueva vida. Ir con un dosímetro que mide la radiación descubriendo los diferentes hot spots que todavía albergan una dosis muy alta de radiación. Para que os hagáis una idea, los estándardes de Ucrania permiten un máximo de 0.30 μSv/h en cuanto a radiación antes de que salten las alarmas (en Europa es de 0.15). En algunos sitios de la zona de exclusión en Chernobyl la radiación era de 240 μSv/h. Cuando el accidente nuclear tuvo lugar, la radiación era de 15.000 μSv/h (información no proporcionada durante el tour).

Vivir todo esto de primera mano fue impresionante. Oscuro, macabro, pero muy conmovedor y una experiencia única.

No tan emocionante es ver a algunos trabajadores que realizan su jornada laboral allí. Y no solo eso, que viven allí como si se tratara de un campo de trabajo. En un edificio abandonado, gris y alto con unas cien ventanas, se han habilitado un par de habitaciones para dejar vivir a los trabajadores. Una persona fuma un cigarro en este balcón pobre, en medio de una imagen demasiado trágica.

A nivel informativo, las guías se limitaron mucho a contar la historia de Chernobyl desde una perspectiva muy neutral. Neutral, incluso frívola, cosa que me sorprendió y no precisamente positivamente. Cuando nos hicieron la foto de grupo, igual que aquí se hace la broma de decir <<pa-taaaaa-ta>>, allí te sueltan: <<1,2,3: raaa-diaa-tion>. En el autobús se nos entregó un flyer con merchandising de Chernobyl: el logo era el símbolo de la radiación y entre sus productos encontrabas condones radiactivos que brillan en la oscuridad, pastillas de jabón o bien puedes llevarte un café con el símbolo de la radiación hecho con cacao. Cuando terminó el tour se nos entregó un diploma donde te indicaban el número de radiación que habías chupado durante todo el tour (te dan un instrumento previamente que lo va calculando) y se indica el “ganador” que se lleva más radiación a casa. Este tipo de actitudes que no te esperas. Si tu vas a Auschwitz, no te planteas ni un momento que el guía te hará una broma macabra similar. Foto de grupo: <<cá-ma-ra-deeee-gassss>>. En Auschwitz murieron millones de persones; en Ucrania y a los países cercanos también. Por motivos diferentes pero también, y estas bromas macabras o la frivolización del tema sobran totalmente.

Por lo tanto, es un tour que vale muchísimo la pena cuando estás a tu bola. Sintiendo el pasado en tu piel, repasando la historia por dentro. Aprender nuevas cosas es lo que comentaba: todo desde una perspectiva muy objetiva. Aquí había esto, aquí pasó esto. Pero sin dar detalles explícitos de la tragedia.

Foto: The Outline

Voces de Chernobyl de Svetlana Aléxievich y Chernóbil de Johan Renck (HBO).

Un ataque a la mentalidad rusa

<<Chernóbil es la catástrofe de la mentalidad rusa. Por supuesto, estoy de acuerdo con aquellos que escriben que no es el reactor lo que ha explotado, sino todo el sistema anterior de valores.>>

<<¿Y qué es lo que teníamos aquí? 3.000 microrroentgen por hora. Pero lo que les preocupaba no era la gente, sino su poder. En un país donde lo imporante no son los hombres sino el poder, la prioridad del Estado está fuera de toda duda. Y el valor de la vida humana se reduce a cero.>>

Para los que no conocéis a Svetlana, es una periodista cuyos trabajos recomiendo muchísimo. Ella no reporta sobre un evento en si: en este caso, su misión no era investigar Chernóbil, sino las personas que vivieron, de un modo u otro, la experiencia trágica. La periodista va a sus casas, toma el té con ellos y los deja hablar. Son testimonios excepcionales que no narran cómo fue el accidente nuclear, sino que cuentan su propia experiencia, su opinión del tema, sus emociones, sus sueños y pesadillas. Voces de Chernóbil es una obra maestra que recomiendo leer a todo el mundo; podéis seguir con La guerra no tiene rostro de mujer.

Durante el tour, alguien preguntó: ¿cuánta gente se vio afectada por la radiación de Chernobyl? A lo que la guía respondió: no se sabe exactamente; se daban ayudas económicas del Gobierno si decías que estabas afectado por la radiación, por lo que mucha gente mentía. Así que no hay un número exacto, es difícil saberlo.

Respuesta errónea. Puedes contar que la mayoría de mujeres que vivieron durante los siguientes años no han podido ser madres porque el número de abortos aumentó considerablemente o que los fetos salían letalmente deformados. O bien que los países como Ucrania, Rusia o Bielorusia siguen en las listas de los países con personas con más cáncer, cifras todavía en aumento. No es moralmente correcto decir que no se sabe y que probablemente los afectados son menos de los que pensamos porque no es así. Aceptad vuestro pasado, aquí está el principal problema de la URSS (digo URSS porque Chernobyl sucedió bajo tal Estado y a día de hoy, el pasado es compartido a pesar de su disolución).

Mientras que los alemanes aceptan el nazismo como el peor acto de toda la historia alemana, la URSS sigue intentando minimizar el problema y no es capaz de incorporarlo como parte de su historia. Como bien indican muchos testimonios en la obra de Svetlana, el accidente fue un ataque a su poder, a sus valores. Algo ofensivo y vergonzoso para ellos.

La URSS llevaba años preparando a su gente para la guerra. Incluso una guerra atómica como Hiroshima. Pero nadie estaba preparado para esta catástrofe nuclear, y menos después de prometer que Chernobyl sería la central nuclear más grande y segura de toda la historia. Es un accidente que nunca había pasado jamás en la historia de la humanidad. La ambición rusa se vio destrozada en cuestión de años.

<<¿Qué era la radiación? Nadie había oído nada.>>

Lo podemos ver también muy bien reflejado en la serie de HBO: en todo momento se prioriza mantener el accidente bajo secreto de cara a los otros países para que su poder no quede desvalorizado. Y aquí está uno de los puntos claves de la serie: ¿qué pasa cuando la noticia ya es evidente por todo el mundo? Que los rusos toman el accidente como la excusa perfecta para alimentar el patriotismo. Construir héroes que se entreguen y luchen por su país. Y fue así tal cual. No solo se reclutaron voluntarios sino que se obligaron a miles de hombres a aceptar su destino letal de la forma más trágica y deplorable: sin información, sin protección, y con una botella de vodka como su salvación más próxima.

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El heroísmo emmascarado

<<¿La crónica de Chernobyl? Cuente que no existe. No nos lo dejaban filmar. Todo estaba bajo secreto. Y si alguien lograba grabar algo, al instante, nuestros bien conocidos órganos competentes te retiraban este material y te devolvían las cintas borradas. Estaba prohibido filmar la tragedia, solo se grababa el heroísmo.>>

<<Nos habían prometido soltarnos a los 25 días. – Pero ¿qué decís, estáis tontos? – se ríe el capitán que nos conduce – ¡Veinticinco días! ¡Os vais a cascar aquí, en Chernóbil, medio año!>>

<< De modo que esta es la cosa: a mí, un ingeniero químico, a todo un doctor en ciencias químicas, me obligan a abandonar mi empleo de responsablede un laboratorio químico en un importante complejo industrial. ¿Y cómo me utilizan? Me dan una pala. Aquí fue donde nació el aforismo: contra el átomo, la pala.>>

<< – ¿El tractorista está protegido al menos con una mascarilla? – No, trabajan con respiradores. – ¿Qué pasa, no os los han mandado?- ¡Pues claro que los han mandado! Pero no los hemos repartido. Cundiría el pánico. Y todos saldrían corriendo. ¡Se largarían!>>

<<Si un soldado recibía más de 25 roentgen, podían encerrar al jefe de su unidad por irradiar al personal. De manera que nadie tenía más de 25 roentgen. Todos recibían menos. ¿Comprende?

<<- ¿Qué medios de protección nos darán? ¿Nos traerán trajes especiales, respiradores? Nos contestaron que no. – Tomad las palas y a cavar. Nos sentíamos deprimidos y a la vez con la sensación de cumplir con nuestro deber: es algo que está en nosotros, estar allí donde hay dificultades, donde hay peligro, defender la patria.>>

En la serie de Johan Renck también se pueden ver situaciones deplorables (y todavía no hemos terminado la serie, que entiendo que ahora es cuando empiezan a llegar los trabajadores). Cuando vienen los mineros y trabajan totalmente desnudos, sin ningún tipo de protección, por culpa del calor y de la falta de información. Por una orden, se los llevan a Chernobyl sin darles ningún tipo de explicación.

Entonces, la URSS hablaba de héroes, mientras que los héroes testimonios de la obra de Svetlana, no se consideran así ni mucho menos. Como bien se menciona, solo se enseñaba el heroísmo, lo que interesaba a la URSS para poder presumir de país y de sus habitantes tan entregados, cuando la verdad es que se los llevaron directamente a la muerte. Muchísimas de estas personas fueron obligadas a ir a Chernóbyl, y casi todas sin conocer el problema y a lo que se enfrentaban. Los motivaban con una subida estúpida de sueldo: como más te acercas al reactor o más peligrosa es tu actividad, más cobrabas (insisto, sueldos ridículos=. Cubrir el suelo con arena era la solución inmediata y nadie temía a la radiación, a este enemigo invisible, después de haber luchado en una «guerra real», como muchos decían. Impotencia, frustración, depresión, tristeza. Personas que se han preparado para la muerte inmediata en una guerra pero no para una muerte lenta, que va creando conciencia dentro de ti cada día.

Por supuesto que son héroes, toda la gente que ayudó a disminuir el accidente nuclear, pero no el tipo de héroes que la URSS vende. No nos posicionamos con su hipocresía: enviarlos a Chernobyl en tales condiciones y después alzar un monumento en su honor. Mentir sobre la cantidad de radiación que chupaban y luego homenajearlos. Esconder información sobre la realidad del problema para no generar caos: la ciudad de Pripyat no se evacuó inmediatamente aun sabiendo la letalidad que albergaba su aire.

Reflexión final

Podría seguir hablando del tema sin parar pero os animo enormemente a leer la obra de Svetlana (probablemente el mejor libro que he leído de lo que llevamos de año) y también a seguir la serie de HBO, que aunque no contiene tantos detalles, muestra toda la reacción política frente al accidente de Chernóbyl: la no aceptación del problema, prioridades políticas, vergüenza, condiciones deplorables de los trabajadores. Esta es la cara real del accidente nuclear y no lo que me vendieron en el tour. Bueno, más que vender, omitir información y contarlo como si se tratara de un trágico incendio forestal, por ejemplo. Cuando la realidad es que ha sido la catástrofe causada por el hombre más trágica de la historia, una catástrofe de la cual todavía quedan muchas secuelas. Porque la gran diferencia es que la guerra no terminó con la explosión sino que las consecuencias se vivieron posteriormente y se siguen viviendo a día de hoy.

El accidente de Chernóbyl se gestionó de la peor manera. Las prioridades políticas, el Estado frente a la gente, llevaron a malas decisiones y a una procrastinación del problema insensata. Un ataque al orgullo ruso, a sus valores, a la URSS. El accidente rompió totalmente sus esquemas, su visión de futuro, sus misiones. Murieron muchas personas de manera injusta que han sido olvidados de la memoria rusa rápidamente; solo queda su constancia en un monumento militar. La hipocresía y el aparentar político nunca se vieron eclipsados frente a la catástrofe nuclear y a las vidas humanas.

Así que en resumen, también os animo a hacer el tour, por supuesto, si algún día os animáis a visitar Ucrania. La experiencia es única pero simplemente hay que tener la información clara y saberla contrastar, como cualquier otra cosa en la vida. Id allí acompañados con el libro de Svetlana en la mochila, y escuchad la voz de sus testigos en vez de la del guía. Lo digo de verdad. Svetlana misma, en la última página de su libro, ridiculiza con una ironía discreta el turismo macabro a Chernobyl, así que os animo a realizar el tour con el merecido respeto hacia las víctimas. Creo que mi papel termina aquí: como bien he dicho, podría pasarme horas compartiendo testimonios del libro de Svetlana y criticando a la URSS pero prefiero haberos proporcionado estas dos fuentes para que aprendáis más del tema por vuestra cuenta. De todos modos, con la excusa de la serie de HBO, cada semana os traeré un nuevo análisis del episodio que intentaré relacionarlo con la obra de Svetlana. ¿Qué os parece? Aunque quedan tres episodios…

Puedes comprar el libro de Voces de Chernobyl en el siguiente enlace:

Voces de Chernóbil: Crónica del futuro (Ensayo (debolsillo))

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