Crítica de LAST HERO INUYASHIKI de Hiroya Oku: una excelente oportunidad para los que aún no se han atrevido con el género anime.

“El bien y el mal absoluto, el blanco y negro puro, dibujados y animados a través de una maravillosa paleta de matices grises

En esta época de polarización que vivimos, viene especialmente bien reposar por un momento las posturas, atender y recalar en los detalles más allá del consumo sensacionalista rápido e inmediato. Para ello, nada mejor que ponerse en manos de los mejores especialistas orientales. Bienvenidos a una serie de anime que ejercerá su acupuntura en varios de nuestros puntos claves.

El responsable de esta ‘maquinal exposición de la condición humana’ (no se dejen prejuiciar por su estética ciborg. Maneja las emociones y sentimientos como un reloj suizo) es Hiroya Oku, reconocido por su impactante serie ‘Gantz’ (de la que hablaremos con detalle otro día porque me tiene loco perdido también), y que es un genio provocador a la altura de mi venerado Hideo Yamamoto (‘Ichi the Killer’ todavía me quita el sueño).

Confieso que adoro el ritmo narrativo nipón. Es así. Intenso pero contenido, de acción fantástica pero con causa, motivo y porqué identificables (aquí no hay mallas de colores, aquí un anciano puede ser un Terminator en toda regla), creíble y visceral en su dolor, humano en su pena. Así caminaremos junto a dos personajes que intercambiarán su yin y yang con deliciosa oscilación pendular (desearán cargarse a toda la humanidad -normal por otro lado- y salvarla al mismo tiempo con tan sólo un par de capítulos de diferencia).

De lo más fascinante que tiene la serie es la secuencia que desencadena todo. Dos némesis, dos ‘ant-agonías,’ representando al éxito de instituto juvenil y al fracaso y decadencia senil (ojo al tremendo homenaje a una de mis películas favoritas: ‘Vivir’ de Akira Kurosawa), coinciden de casualidad en un parque solitario donde una nave alienígena los desintegra sin querer al despegar. La conversación que sigue es una maravilla, mezcla de dejadez e inquietud extraterrestre. Algo así:

‘-…Ahí va! Nos los hemos cargado… 

-Pues recomponlos!

-Sólo nos quedan modelos de combate…

-Venga pues esos mismos y vámonos de una vez…’

Y de esta forma tan austera (no se les llega a ver en ningún momento ni se da más detalle interplanetario) nuestros dos protagonistas se convierten en máquinas perfectas de matar y sanar. A partir de entonces comienza un saco de dilemas morales, un ‘gran héroe americano’, una masacre continua, una persecución imantada de atracción y rechazo… Una barbaridad, en definitiva.  

El dibujo, marca de la casa, es de lo más expresivo dentro del panorama manga/anime y el hipnótico impacto visual se da por descontado ya con el propio género.

Pese a ciertos detalles que chirrían un poco (la pueril pero inolvidable forma de matar; la caracterización de Trump, necesaria pero algo metida con calzador; y el final algo atropellado), estamos ante una serie atrapante de ritmo medido y una excelente oportunidad para los que aún no se han atrevido con el género o lo prejuzgan y desechan como infantil

Deja a cuadros, pero de aquellos de baldosas blancas y negras con los que jugar a saltar sin pisar los contrarios. A que no hay…

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