Crítica de HORAS DESESPERADAS de William Wyler #cineclásico

Hay algo que se echa mucho de menos en el panorama actoral actual (no es un juego de palabras) y que antes desbordaba los bolsillos del séptimo arte. Algo tan simple como esencial: la presencia.

Tuve el privilegio de ver en un ciclo local, en versión original y en pantalla grande (es decir, como dios manda), ‘Horas desesperadas’ de William Wyler. Segunda incursión seria del franco-germano director de Ben-Hur en el cine negro, y que cuenta con un duelo interpretativo que es como ver un documental del National Geographic de un tigre atacando a un cocodrilo. Hipnótico.

El caso es que aparece HumphREY Bogart (en uno de sus últimos papeles y ejerciendo de sus pocos villanos sin grises), o en este caso también Frederic March, y es emerger una presencia que abarca todo como si se tratase de un contínuo primer plano brutal. Ver sus expresiones es recibir una oleada de vivencias contenidas en cada arruga, en cada muesca grabada en los poros. Y es extrapolable a las grandes estrellas de los 40 y 50. ¿Por qué? ¿Qué había detrás? Pues boxeo, alcohol, miseria, hambre, emigración, guerra, mujeres fatales… Vida en definitiva; humanidad en estado puro que se transmitía como una fuerza de la naturaleza. ¿Qué hay detrás de los actores de ahora? Vida hueca de lujos y, si acaso, alguna experiencia previa de camarero para sufragar los gastos previos al estrellato. La diferencia entre ambas formas de transmitir parece sutil y en cambio es abismal.

De menos a más, la cinta va creciendo en intensidad, en complejidad argumental (de los primeros conflictos competenciales entre fuerzas del orden con, arriesgada para la época, crítica al trasfondo político de las intervenciones policiales) y en registros interpretativos pese a no lograr sacudirse del todo cierto aire teatral (está basada en una obra de Broadway que interpretaba Paul Newman y ésta a su vez en una novela de Joseph Hayes, que aquí ejerce también como guionista). Crece incluso en fotografía, con meritorios encuadres a dos plantas de la vivienda realmente impactantes.  

La pega es que la desembocadura final es demasiado limpia, redonda y de aguas excesivamente dulces. Un pescado como el que se agita vivo entre nuestras manos debía tener más espinas y sobre todo un sabor más seco y salado.

En resumen, correctísima película noir de secuestros íntimos familiares y que, sin ser de recuerdo imborrable (para eso ya está la insuperable e imprescindible ‘Yo amé a un asesino’ de John Berry), demuestra lo básico que resulta un juego de presencias interpretativas para el devenir narrativo y visual de la historia (como decía Wilder de Wyler –y no es otro juego de palabras-: no tiene ideas originales, pero sabe ejecutarlas a la perfección). 

1 Comentario

  1. Hola. Me llamo Pablo y totalmente de acuerdo con Pedro. Comparto su análisis con “Horas desesperadas”. La capacidad del actor para trasmitir su papel se hace fuerte a través de su presencia y personalidad. Características que hoy en día se pierden. Un saludo

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