Reseña de A MI AMIGO ESCOCÉS de Maria Barbal

Foto de Maria Barbal
Maria Barbal

Maria Barbal es una de las escritoras catalanas más importantes a día de hoy. Después de debutar con su novela Piedra de Tartera, obra traducida a varios idiomas, ha vuelto 35 años después con ‘A mi amigo escocés‘ para cerrar el ciclo de Pallars. El libro ha sido publicado por la editorial Planeta (Columna/Destino) y en mi caso, lo he leído en catalán. Hoy os traigo la reseña.

Empezamos con la sinopsis:

Benet y George se conocen en el hospital al que han sido trasladados tras las heridas recibidas en el frente de la Guerra Civil española. George, de origen escocés, sirve en las brigadas internacionales, mientras que Benet es un chico de provincias destinado en el frente. A pesar de ser poco habladores, Benet a causa de un problema que le afecta al sistema nervioso y le impide el habla, y George por su poco dominio del idioma local, conectarán rápidamente y forjarán una amistad que perdurará a lo largo de los años. Tiempo después, George buscará a su amigo de la guerra. De sus cuadernos, que Benet le regalará, George decidirá escribir un libro. Una historia de amistad forjada durante la guerra y que perdurará a lo largo de los años.

Es muy difícil encontrar una novela capaz de parar el tiempo, y más en medio del fenómeno best-seller. A mi amigo escocés parece un libro escrito entre el 1936 y el 1939, con tanto detalle, tanta precisión. La trayectoria de Maria Barbal se refleja en cada página y logra transportarnos años atrás y hacer olvidarnos que estamos en 2019. Desde el vocabulario más cuidado hasta las tradiciones y destinos de cada uno de los personajes son propios de hace 80 años, pero uno no tiene la sensación que la escritora está hablando de esta época, sino que la ha vivido de primera mano. A mi amigo escocés me ha recordado positivamente a Incerta Glòria de Joan Sales, un clásico de la literatura catalana, y no solo por su puntual formato epistolar, sino por la habilidad de ambos escritores de reflejar tan bien la época de la Guerra pero sobre todo, las historias de las personas que la vivieron.

Ya con solo hacer sentir esto al lector es suficiente para colocar la novela en un pedestal, aunque hay muchos otros aspectos que la dotan de todavía más calidad: su rico vocabulario, la heterogeneidad de la escritora para representar diferentes personajes pero sobre todo, su habilidad para contar la historia de Benet, así sin más. Una historia, de principio a fin, y aferrarse a esta sin distracciones innecesarias: estas son las más difíciles, y a la vez, las más bonitas de contar.

Viviremos todos los conflictos de Benet: escoger entre su sueño de ser artista o seguir el legado de su padre, los problemas en la familia con quien no logra entenderse, su desconexión del mundo durante la Guerra Civil Española y su amor con Elvira, una relación no del todo recíproca que se verá afectada por el pasado de ella. Unos problemas que suenan a comunes si nos transportamos a la época en cuestión pero que Maria Barbal es capaz de plasmar con una profundidad exquisita. El lector simpatiza muchísimo con Benet y lo acompañará a todas partes.

Sin embargo, no conoceremos la historia de Benet solo desde su propio punto de vista, sino que la escritora mezcla diferentes formatos para dejar que el lector construya él propio la personalidad del protagonista y de su amante Elvira. El libro empieza y termina con George, el amigo escocés, mientras que el resto de la novela combina las cartas que Benet envió a Elvira y los diferentes testimonios secundarios que opinan sobre Benet y Elvira, así como la propia voz narrativa de Benet.

Cuando empecé a leer A mi amigo escocés, me esperaba que Benet y George serían los protagonistas de esta historia, basándome en el título. Para mi sorpresa, George aparece como narrador al principio y al final, y en muy pocas páginas del libro. Creo, pues, que aquí está la reflexión más bonita de la novela.

Benet me pareció un hombre triste y solitario. Dolido por su amor frenado con Elvira y con una sola amiga verdadera que es su hermana que, debido al paso del tiempo, la relación se distancia, Benet se aferra constantemente al recuerdo de la única persona con quien tuvo una conexión, por muy breve que fuera: George. Y el escocés, a su vez, perdido y solo en tierras extranjeras por su impulso de alejarse de su familia, también ve en Benet su gran apoyo. Poco nos cuenta la escritora sobre el tiempo que pasaron juntos en la Guerra pero eso lo deja para la imaginación del lector. Sorprendentemente, no se volverán a encontrar hasta dentro de muchos años, pero ambos han guardado en su memoria su breve relación de amistad que podría haber crecido mucho más en un contexto totalmente diferente. Y el lector no puede evitar sentir lástima por esta relación truncada.

La vida de Benet ha estado llena de vacíos y de decisiones forzadas. El protagonismo de George no viene marcado por la cantidad de veces que salga su nombre en las páginas, sino por entender que uno de los pocos momentos de felicidad de Benet viene dado por esta breve relación de amistad tan pura y real, lo cual juega a contraponerse con la dura realidad de nuestro protagonista y todas aquellas decisiones y caminos que se ha visto forzado a tomar a lo largo de su vida.

Foto Maria Barbal: ARA llegim

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A mi amigo escocés (Áncora & Delfin)

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