Queda mal empezar diciendo que voy mal de tiempo, pero como no es opcional cancelar mi cita semanal, hoy os traigo una anécdota curiosa de estas últimas semanas.
Hace años me habría dado vergüenza compartir ciertos pensamientos o fantasías que me invento en mi cabeza, por creer que eran demasiado extraños o personales. Pero si algo he aprendido con TikTok, sin ironías, es que tenemos pocas experiencias realmente individuales, y que muchas situaciones que siempre hemos pensado que eran únicas no lo son en absoluto. De hecho, uno de mis primeros In between lo dediqué precisamente a este tema.
Dicho esto, no sé si la gente con problemas de insomnio tiene sus propios trucos para relajarse y dormirse más rápido, pero os cuento el mío. Como llevaba años tomando una medicación que me aplatanaba rápidamente, había perdido ese espacio preonírico en el que una sueña despierta. Ahora que lo he recuperado, me he dado cuenta de que hay dos cosas que me ayudan a dormirme antes.
La primera (la que más me funciona) es hacer un repaso mental de todos los momentos agradables del día, desde que me despierto hasta unos minutos antes de acostarme. La segunda, que es la que nos interesa para el escrito de hoy, es imaginar algún escenario ficticio que me relaje.
Y, en mi caso, siempre tengo tendencia a recurrir a la misma historia distópica: frente a lo que parece un apocalipsis o el fin del mundo, salvo a mis dos gatos de la catástrofe y nos adentramos en una tierra vacía y desoladora. A veces estoy sola; a veces, con Julià. Tras kilómetros de búsqueda incesante de algún signo esperanzador, aparece una cabaña perfecta en medio de la nada, pero de repente rodeada del paisaje más verde e idílico posible. La cabaña está llena de provisiones, y puedo disfrutar de un momento cálido de protección, compañía y amor que no tiene fecha de caducidad. De hecho, la cabaña de mis sueños es muy similar a esta japonesa, en la que tendré la oportunidad de dormir este agosto (la imagen de cabecera).
Qué tontería puede parecer escrito así. Y quizás nadie más imagina este tipo de cosas y estoy quedando retratada como una auténtica loca. Lo único que sé es que no puedo decir cómo termina esta historia porque es corta, y la voy repitiendo hasta que supongo que me quedo dormida. Sentir que mis gatos y yo estamos protegidos tiene algo mágico que me prepara para el sueño.
¿Y por qué os cuento esto? Esta semana he leído un libro llamado La pared de Marlen Haushofer. Hace meses que estaba en mi to-read de Goodreads, hasta que por fin lo encontré disponible en la biblioteca del barrio. Solo sabía que era una novela distópica, porque así la busqué expresamente, pero no tenía mucha más información.

De forma muy resumida: un grupo de amigos y familiares viajan a un lugar aislado, rodeado de naturaleza. La narradora se extraña de que, después de tantas horas, no se haya encontrado con el resto del grupo. Entonces descubre que, de un día para otro, ha aparecido una pared invisible que separa su mundo del exterior. Se ve obligada a hacer vida dentro de la zona que ocupa, completamente sola.
Sola… pero con la compañía de un gato, un perro y, más adelante, una vaca. Conviven juntos en un espacio pequeño: ella y los animales, en una cabaña aislada, sin nadie más. Y así vivirán, entre provisiones, supervivencia y autosuficiencia, sin ayuda de nadie.
Llegado cierto momento, la protagonista tiene que decidir cómo seguir su camino y es incapaz de abandonar a sus animales, que ya forman parte de ella. Están unidos en esta distopía vaga, donde lo importante no es tanto qué está pasando, sino cómo ella convive con las únicas criaturas vivas que tiene cerca y que, de alguna forma, se convierten en su todo.
No quiero revelar el final, pero la verdad es que, aunque no se trata de una novela que quiera explicar por qué existe esa pared, la narradora tiene un encuentro muy significativo. Tendréis que leerla para descubrirlo y reflexionar sobre su significado.
En fin, ¿no os parece curioso que esta novela, que llegó a mí sin que yo tuviera ni idea de su argumento, cuente una historia tan parecida a la que yo sueño despierta? Una distopía, la soledad, la compañía de los animales y la misión de protegerte a ti y a ellos.
O bien es una casualidad enorme, o bien mis escenarios ficticios son mucho más básicos y populares de lo que yo creo.
P.D. Me habéis preguntado por el curso de mindfulness que estoy haciendo, es el MBSR del Instituto Mindfulness de Barcelona.
