In between

¿Podría ser Joan Didion?

Hoy traigo un relato algo íntimo y particular. De hecho, quizás lo es tanto que no se me entienda. Puede que a alguien más le pase: sentir una especie de conexión con una celebridad o alguien que nunca ha conocido ni conocerá. Hay algo en la energía de esta persona, en un gesto o en algo que ha dicho, que te hace sentir muy identificada con ella. A mí es algo que me ha pasado recientemente con Joan Didion, la famosa escritora de Manhattan que falleció el 23 de diciembre de 2021. Esta fecha es importante en mi teoría.

Hace años leí El año del pensamiento mágico, la obra donde cuenta su vivencia real de cómo, en un mismo año, fallecieron su hija y su marido. No fue a la vez, sino en días y circunstancias muy distintas. Por supuesto, esta experiencia traumática marcó su vida y su escritura.

Desconocía que había una especie de continuación del relato. Pues sí, existe, y es Noches azules, lectura que leí en solo un día porque me absorbió. Ya venía trastocada de su primer libro, pero cuando llevaba cincuenta páginas ya había decidido que Didion era una de mis autoras favoritas. En parte por su escritura, sí, pero sobre todo porque había encontrado demasiadas conexiones, similitudes y casualidades con mi propia vida.

En Noches azules da voz a las memorias de su hija Quintana y también revive momentos de cuando esta todavía estaba viva. Pero estos recuerdos se entrelazan con reflexiones de Didion sobre la vida, algunas de ellas con las que me he sentido profundamente identificada. Es divertido cuando un pensamiento tan específico, que hasta ahora era solo tuyo, te das cuenta de que otra gente también lo comparte. Es inevitable sentirte conectada. Ahora, sin dar explicaciones, voy a listar todas estas conexiones que he encontrado con Didion leyendo Noches azules:

  1. La obra empieza con la noche de bodas del 26 de julio. Ya para empezar, esta fecha es muy simbólica para mí. Cualquier día entre el 25 y el 28 de julio es importante en mi vida.
  2.  Habla de un coma inducido, de resonancias magnéticas, inflamación cerebral, aneurismas (no he tenido ninguno) y otras cosas vinculadas a la cabeza.
  3.  Habla del color azul con mucho detalle, y yo siempre he tenido esta obsesión extraña: me encantan los adjetivos asociados a los colores.
  4.  Didion murió el 23 de diciembre de 2021. El día de mi cumpleaños, el año de mi segundo aniversario.
  5.  Su hija Quintana era adoptada y habla de este proceso. La adopción es un tema que me fascina y sobre el que desde hace años tengo claro que escribiré mi primer libro (una distopía, por supuesto).
  6.  Su escritura se nota que es para sanar. No escribe para impresionar ni para gustar, sino para curarse a sí misma. Es como su diario personal publicado, y es algo que conecta mucho conmigo.
  7.  Didion habla de la vejez como algo de lo que estaba convencida de poder escapar. Dice: “La realidad es que he vivido toda mi vida sin creerme en serio que yo fuera a envejecer”. Esta parte me conmovió especialmente porque es muy similar a cómo pienso yo a menudo. Y, por gracia o por desgracia, este escrito me ha hecho mucho más consciente de que la vejez llegará:

La realidad es que he vivido toda mi vida sin creerme en serio que yo fuera a envejecer.

Jamás me cupo ninguna duda de que seguiría llevando las sandalias de ante rojo con tacones de diez centímetros que siempre me habían gustado.

Jamás me cupo ninguna duda de que seguiría llevando los pendientes de aro dorados en los que siempre había confiado, los leggings de cachemir negro, las cuentas esmaltadas.

Mi piel desarrollaría imperfecciones, arrugas finas y hasta manchas marrones (a los setenta y cinco años, esta venía a ser una valoración cosmética realista), pero seguiría teniendo el mismo aspecto de siempre, básicamente sano. Mi pelo perdería el color original pero podría ir transformándolo a base de dejar las canas alrededor de la cara y pedirle a Johanna de Bumble and Bumble que me resaltara el resto un par de veces al año. 
(…)
La memoria me fallaría, pero a quién no le falla la memoria. La vista me daría más problemas que antes de empezar a ver de pronto nubes de algo que parecía encaje negro pero que en realidad era sangre, el residuo de una serie de desgarros y desprendimientos de retina, pero no cabía duda alguna de que podría ver, leer, escribir y cruzar la calle sin miedo.

Cualquier cosa se podía arreglar.
Lo que fuera.
Yo estaba absolutamente convencida de mi poder para remontar la situación.
La situación que fuera.

8. Didion tiene un himno, un poema favorito para la muerte. El suyo es Blues funerario de W.H.Auden, el mío de el de Mary Elizabeth Frye (un día os contaré la historia de este poema). Os dejo primero el que comparte Didion:

Paren todos los relojes, descuelguen el teléfono,
Eviten que el perro ladre dándole un hueso jugoso,
Silencien los pianos, y con un apagado timbal,
Saquen el ataúd, dejen pasar a los deudos.
Que los aviones nos sobrevuelen en círculos luctuosos
garabateando en el cielo el mensaje Él ha muerto,
Pongan un crespón alrededor de los cuellos blancos de las palomas,
Que los policías de tráfico usen guantes negros de algodón.
Él era mi Norte, mi Sur, mi Este y mi Oeste,
Mi semana de trabajo y mi descanso dominical,
Mi mediodía, mi medianoche, mi palabra, mi canción;
Creí que el amor sería eterno, pero me equivoqué.
Ya no deseo las estrellas: apáguenlas todas;
Llévense la luna y desmantelen el sol;
Vacíen el océano y talen los bosques,
Porque ya nada puede volver a ser como antes.


Ahora el mío (lo dejo en inglés):

Do not stand at my grave and weep 
I am not there. I do not sleep. 
I am a thousand winds that blow. 
I am the diamond glints on snow. 
I am the sunlight on ripened grain. 
I am the gentle autumn rain. 
When you awaken in the morning’s hush 
I am the swift uplifting rush 
Of quiet birds in circled flight. 
I am the soft stars that shine at night. 
Do not stand at my grave and cry; 
I am not there. I did not die.

Es como si tuviera la extraña sensación de que podría haber vivido perfectamente la vida de Didion y haber sufrido lo mismo que ella. Es una sensación inexplicable. De alguna manera, mi vida De hecho, más concretamente, acabo de darme cuenta de cuál sería la definición perfecta: los pensamientos y reflexiones de Didion pero desde el cuerpo de Quintana. Porque yo no he muerto pero puedo haber compartido parte de lo que vivió ella. No tanto el sufrimiento de Didion, sino soy el cuerpo de Quintana y la mente de Didion. ¿Se entiende la idea? Quizás siento que podría haber escrito sus libros pero hablando de mí misma… sin que suene esto muy pretencioso.

No os mentiré, lo que escribe Didion me trastoca y me deja un mal cuerpo increíble. ¿Pero no es este el objetivo de leer si no es entretener? Desde que leí la parte sobre la vejez, tengo unas ganas terribles de sufrir leyendo los nuevos poemas de Margaret Atwood sobre el tema…

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