In between

Renegar del pasado, un gran error

Hay momentos de serendipia en los que, mientras hacemos algo, descubrimos algo que no esperábamos, como una revelación. Esto es lo que me pasó leyendo una historieta del libro La teoría de todo lo demás, que explicaba la tendencia del ser humano a renegar del pasado.

Solemos pensar que lo que hacemos en el presente es tres veces mejor que lo que hicimos en el pasado, que este es arcaico y prehistórico, y que lo que hicimos hace años no sirve para absolutamente nada. Desde el punto de vista científico, esta idea cobra mucho más sentido, teniendo en cuenta los avances que se han hecho. Pero renegar del pasado y sentirnos más inteligentes que las antiguas civilizaciones no siempre es lo más acertado.

Pero en 2015, Tu Youyou ganó el Premio Nobel de Fisiología o Medicina por descubrir la artemisinina, un compuesto imprescindible para la cura contra la malaria. Lo averiguó en un libro de medicina tradicional china con 1.600 años de antigüedad, titulado Recetas de emergencia para tener siempre a mano.

Esta historia me fascinó, y más cuando me vienen ideas a la cabeza como que es fuerte pensar que todo, absolutamente todo lo que existe hoy (medicina, tecnología, etc.) está hecho con ingredientes y materiales que ya existían en la Tierra desde el minuto uno.

Pero volviendo a ese momento de serendipia que comentaba al principio, el hecho de que fuera la medicina china tradicional la que dio con la cura contra la malaria me llevó a pensar cómo la medicina china podría curarme a mí. No tengo ni idea de medicina china, pero hace años que me voy topando con fragmentos e ideas que me hacen pensar que es un mundo muy potente e interesante. Su enfoque terapéutico, tan vinculado al cuerpo, me resuena mucho, quizás porque yo siento que la relación cuerpo-mente está totalmente sincronizada y que una no se trata sin la otra.

Como bien sabrás, una de las técnicas chinas más populares es la acupuntura, y hace unas semanas estuve valorando si empezarla. De momento he dejado la idea en stand by, pero sí que me dio la oportunidad de estudiar cómo funcionaba. Las finas agujas se insertan en puntos específicos del cuerpo para equilibrar la energía vital, llamada Qi. Pero lo más interesante para mí son los llamados meridianos, que son canales invisibles por donde fluye esta energía, conectando órganos y tejidos.

Es decir, son como “autopistas” energéticas: hay 12 principales (por ejemplo, pulmón, estómago, hígado), yin (internos) o yang (externos). El tema es que todo nuestro interior tiene asignada una función.

Llevo una temporada en la que puedo conciliar “bien” el sueño, pero sí que me despierto día sí, día también hacia las 5 de la mañana y luego me cuesta horrores volver al mundo onírico. Nunca antes me había pasado. Y supongo que, con la lectura y la medicina china en la cabeza, por casualidad busqué si tenía algún significado. Para mi sorpresa, igual que cada meridiano tiene su función, también tiene su horario, porque el Qi (energía vital) fluye cíclicamente por el cuerpo en un “reloj biológico” de 24 horas, asignando dos horas de máxima actividad a cada uno de los 12 meridianos principales.

Esto refleja los ritmos naturales del organismo, donde el Qi se concentra más en un órgano o meridiano durante su ventana temporal para optimizar sus funciones, como la purificación, la digestión o la desintoxicación. Si hay desequilibrios, surgen síntomas en esas horas. Así que busqué qué meridiano correspondía a esta franja horaria de la madrugada y, boom, el pulmón tiene su máxima actividad de 3 a 5 de la mañana. En este horario depura toxinas respiratorias y procesa emociones como la tristeza (la emoción asignada). Despertarse hacia esa hora puede indicar cierto bloqueo y puede vincularse con temas de ansiedad, por ejemplo.

Esta información serendipia confirmó muchas de mis teorías puramente empíricas. Y es que estar conectado con tu cuerpo y escucharlo, a mí literalmente me ha salvado la vida en otras ocasiones. Mientras mi mente es más caótica y no puedo hacerle tanto caso, mi cuerpo es sabio y puedo saber perfectamente cuándo intenta decirme algo. Como la científica Youyou, recurrí a la sabiduría más ancestral para confirmar algo que ya podía sospechar.

Conociéndome, ahora voy a desarrollar una obsesión (que me durará un par de meses) hacia la medicina china y me leeré todos los libros (ya tengo algunos favoritos en Vinted) y veré todos los vídeos posibles hasta que me desinfle. Pero algo, seguro, habré aprendido.

P.D: Se aceptan recomendaciones de lecturas.

Reseña de la semana: Un incendio invisible, de Sara Mesa

Si leíste el In Between de la semana pasada, sabrás que he tenido una experiencia mágica con este libro prestado de la biblioteca, ya que estaba repleto de palabras subrayadas que han elevado mi experiencia lectora. Pero hoy trataré de centrarme únicamente en la novela en sí, sin contemplar la aventura íntima que tuve con la lectora invisible.

Un incendio invisible cuenta la historia de los últimos días de una ciudad, Vado, que está siendo repentinamente abandonada por sus habitantes. El protagonista es un reconocido geriatra, el doctor Tejada, que llega para hacerse cargo de la residencia de ancianos New Life justo cuando todo el mundo se está marchando. Tejada busca un lugar en el que protegerse de sí mismo y de su turbio pasado, pero sus propósitos pronto se verán alterados al conocer a algunos de los singulares habitantes que aún permanecen en la ciudad, como la recepcionista de un gran hotel ya sin clientes, una niña de nueve años o un investigador de los fenómenos migratorios.

Con esta novela he descubierto dos cosas: la primera es que me fascinan las novelas en las que el lugar es un personaje más, incluso protagonista. El talento del escritor para recrear una atmósfera única lo encuentro extremadamente difícil. Y, en mi caso, siempre que me he encontrado con este tipo de lecturas, el lugar no es algo idílico ni cálido, sino más bien inquietante, lejano y, sobre todo, misterioso. Me encanta.

Otros ejemplos similares de lecturas que han conseguido crear este microcosmos y trasladarte al lugar son el gran Thomas Mann con La montaña mágica, que, por cierto, presenta muchas similitudes. En ambos casos veremos un centro relacionado con la salud en el que la gente que lo habita no es la más convencional del mundo ni está en su máxima etapa de lucidez. Otra novela más actual sería El jardín dormido, de Carla Gracia. Un jardín misterioso acompaña esta novela de estilo gótico y consigue trasladarte el frío del rocío de madrugada.

Esta sensación de salirte del papel y poder vivir el ambiente de un sitio concreto para mí es mágica. Con Sara Mesa nos vamos a una ciudad abandonada que me imaginaba como un escenario casi postapocalíptico, gris, inquietante y en el que, a pesar de no vivir casi nadie, siento que pasaría miedo.

Leyendo a Mesa y viajando por la ciudad de Vado, resonaba en mí una novela que había leído hace ya unos cuantos años, aunque no lograba entender por qué me remitía a ella. Era Hotel Silencio, de Audur Ava Olafsdottir (incluso hay reseña en este blog). Es gracioso, porque es lo que siempre pasa con los libros: años después no recuerdas de qué iban exactamente, pero sí recuerdas perfectamente la sensación. Y esta era similar a lo que Mesa me estaba transmitiendo: abandono, soledad, un espacio protagonista, un hombre protagonista solitario con problemas.

Mi sorpresa ha sido al buscar información sobre la sinopsis, ya que, precisamente, la novela de Ólafsdóttir lo plantea todo al revés: un hombre que viaja a un país devastado por la guerra con la intención de desaparecer, pero cuya estancia en el hotel y el contacto con otras personas van aplazando su decisión. La novela mezcla humor, ternura y un trasfondo duro para mostrar cómo la ayuda mutua y la comunidad pueden sostener incluso a alguien al borde del derrumbe.

Confieso que me ha resultado graciosa la ironía, pero, al fin y al cabo, no iba tan desencaminada. Lo que ambas novelas me han transmitido es similar.

El estilo melancólico de Sara Mesa me ha gustado, y era justo mi primera experiencia con la autora, así que voy a volver a ella después de investigar un poco más para buscar una lectura lo más opuesta posible a Un incendio invisible. Me ha faltado algo más de trama y conexión con los personajes: el lugar ha absorbido demasiado protagonismo, dejándolos en un segundo plano, hasta el punto de que me he olvidado de los otros “jugadores” y de su objetivo en la historia.

Por cierto, para terminar esta reseña, hablemos del título. Quiero empezar esta tradición, porque otra cosa que me encanta es llegar a la conclusión del porqué del título. En este caso, es un mini spoiler, pero que no os condicionará la lectura, os lo prometo: hay un incendio literal en la historia, pero este “invisible” —he entendido— se refiere a las llamas que no se ven pero que han dejado a la ciudad de Vado y a sus habitantes calcinados. Un título que transmite este calor asfixiante y opresivo de la atmósfera que acompaña cada página.

Gracias por leer hasta aquí. Cada semana recibo nuevos mensajes de que esperáis mi escrito semanal, que veo que ya se está imponiendo como una tradición. Me hace especial ilusión.

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