La semana pasada me costó horrores encontrar una idea para el escrito semanal. Reflexiones tengo muchas, pero me gusta irlas combinando con anécdotas e historias. Afrontaba esta semana con el mismo miedo y pensaba: ¿no tengo más cosas que contar? Hasta que decidí que vamos a no intentar tirar de hemeroteca y buscar construir nuevas historias. Porque si tengo que esperar al próximo viaje a Japón, ya podemos esperar. Así que estaba preparada para salir a la calle, hacer mis actividades habituales, pero con una óptica diferente, a ver qué me encontraba. De hecho, esto tiene un poco que ver con el mindfulness porque hacerlo todo con tanta atención te conecta con el presente; aunque supongo que hacerlo con esta segunda intención difiere un poco.
El lunes hacía mi recorrido habitual hacia el gimnasio y decidí mirar el suelo. Cuando trabajaba de azafata en un restaurante, un camarero me dijo que siempre andaba mirando al suelo y que entonces me perdía la vida. Todavía pienso en esta interacción porque, además, tenía razón. Aunque de vez en cuando me sigue resonando, yo creo que sigo mirando bastante al suelo cuando ando y, a ver, la verdad es que resulta útil cuando andas buscando algo. Me voy al 2017 y ahora vuelvo, veréis el porqué.
Estaba en Australia sola viviendo de mi humilde presupuesto diario como estudiante. No sé qué ciudad era pero, por supuesto, era una playa. Entonces pensé: voy a mirar el suelo, a ver si me encuentro algo de dinero. Y fue impresionante porque no pasó ni media hora que me encontré con lo que sería el equivalente de 20 euros. Recuerdo pensar qué fácil la vida, y yo feliz con aquella lotería.
De vuelta a Barcelona, hace unos meses vi la típica publicación en Instagram que decía: fíjate en un solo día cuántas veces el universo está a tu favor. Inmediatamente me acordé de lo que me pasó en Australia y pensé: voy a volver a intentarlo, por qué no. Estuve durante dos días mirando el suelo de Barcelona mientras andaba simplemente para verificar aquel experimento. Entiendo que cuando decía «el universo está a tu favor», no se refería a un tema monetario, pero quise ponerlo a prueba desde este punto de vista. De hecho, tengo que decir que durante unos días apliqué el ejercicio buscando situaciones que habían sido amables conmigo pero me obsesioné con lo del dinero.
Pero fue un fiasco y no encontré nada. Pensé: hombre, ¿qué esperas, a que a la primera de cambio te dé dinero? Necesitas más paciencia y resiliencia… Y quizás simplemente en Australia lo necesitabas y ahora no. El mundo no te va a regalar dinero porque sí. Lo entendí y lo dejé estar, aunque como tenía un poco el hábito interiorizado de los días anteriores, inconscientemente lo seguía haciendo; en menor medida, pero cuando me acordaba miraba el suelo.
Volviendo al lunes de esta semana, estaba ya haciendo mi trayecto y… de repente, diez euros en el suelo. No había nadie delante de mí, así que los cogí y me los quedé. Evidentemente, y de forma inmediata, pensé tanto en Australia como en mi experimento de hacía unas semanas, como en que allí se acababa de crear una historia para contar.
Para la mayoría es una casualidad y no hay nada más, pero siempre es más interesante pensar que se trata de una sincronicidad o… un favor del universo.
