In between

Ens hem guanyat l’estiu

Este va a ser el último escrito hasta el domingo 6 de septiembre, que ya estaré de vuelta de Japón. Hasta hoy he cumplido cada semana, y podría intentar dejarlo programado, pero hay cierta magia en hacerlo cada semana. Esto por un lado, y por el otro, no os voy a engañar: son mis primeras vacaciones largas como autónoma y llevo un estrés encima para dejarlo todo hecho antes de marcharme… Ahora ya veo la luz al final del túnel, pero han sido unos días de locura. Me levantaba entre las cinco y las seis de la mañana, y ya no me podía dormir, así que, si normalmente me levanto a las 7, adelantaba mi café mínimo una hora. Por suerte, ya me he relajado y ha pasado lo que sospechaba que pasaría: que a 4 días de marcharme, ya lo tengo (casi) todo hecho y puedo adelantar también mis vacaciones desde casa.

Volveré con nuevas aventuras e ideas, eso seguro. También será una prueba de ver cómo gestiono estos dieciséis días en mi primer año como autónoma.

¡Un año ya! Cuántas cosas han pasado y cuánto he aprendido. He pensado que, para cerrar este mes y antes de la pausa, hacer un listado de todo lo que he vivido en este primer año: las cosas buenas y las cosas malas. Y, como siempre dicen, empecemos por lo malo. Y que conste que es mi primer año, por lo cual pago la tarifa reducida…

Cosas malas de ser autónoma

  1. Preguntar por las facturas e insistir para que te paguen: sin duda es lo peor. Acostumbrada a recibir la nómina a final de mes, cuando tienes varios clientes necesitas un control exhaustivo, perseguir y preguntar. Da bastante pereza.
  2. No saber nunca cuándo parar: hay tantas cosas que hacer que cuesta terminar el trabajo. Por suerte, esto ya lo he aprendido. Me marco lo que tengo que hacer en un día y, si lo he terminado, paro. Pero a veces digo… solo un poco más… Y al final mi disponibilidad también es casi 24/7. Mucha gente me dice que ponga límites: lo entiendo. Pero yo también respondo cuando puedo, no al instante, y respeto mis horas y días de descanso. Incluso al principio era yo quien hablaba los fines de semana. Esto lo dejé de hacer, por respeto a mí y a las otras personas. Aunque también hay que asumir que, si los autores o editoriales contratan a un autónomo y no una agencia, necesitas aportar este valor añadido de estar más disponible. Esto es así.
  3. No saber decir que no: la vida de un autónomo es incierta, lo sabemos, y cuesta rechazar proyectos. Por suerte, yo trabajo con varios clientes que me pagan mensualmente, pero nunca sabes si alguien se irá de un mes para otro, y tendrás que cubrir este hueco. O piensas a largo plazo para cuando tendrás que pagar más que la tarifa reducida. Cuesta decir que no y te vas cargando. Al final todo sale, pero cuesta encontrar dónde está el máximo que puedes asumir.
  4. No todo depende de ti: muchas veces tú te organizas, haces el trabajo, pero este hay que revisarlo. Y, como pasa en cualquier otra parte, el cliente puede no revisarlo hasta al cabo de unos días, no dar señales de vida… Y cuesta más organizarte, pero esto pasa seas autónomo o no.
  5. El agotamiento mental: durante un par de semanas hice un experimento. Reporté las horas que trabajaba cada día para tener una mejor perspectiva de la semana. Si en una empresa haces 37,5, a ver cuántas estaba haciendo realmente. El resultado me sorprendió porque descubrí que no hacía más de 3-4 horas extras. Y me pregunté: ¿y por qué tengo la sensación de trabajar más? No era más, era que todas las horas que hacía a diario eran productivas. Hay estudios que dicen que en una jornada laboral solo 3 horas son realmente productivas. Claro, ahora, lo que me pasa es que TODAS las horas lo son y esto lleva a estar más agotada mentalmente. No hay distracciones, hay más motivación y más responsabilidad.

Pero bueno, vamos a terminar con lo bueno, que son muchas más cosas…

Cosas buenas de ser autónoma

  1. La libertad: es lo que más valoro en esta vida y algo a lo que no quiero renunciar jamás. Hago lo que quiero, cuando quiero, nadie me controla, nadie me limita. Si un martes quiero no trabajar y compensarlo un sábado, lo hago. Si quiero ir al gimnasio cada día a las 10 de la mañana, voy. Si quiero descansar media hora y ponerme a la cinta, lo hago. Hacer lo que quiera sin dar explicaciones.
  2. La motivación: trabajar en algo que te gusta, tomar tus propias decisiones y sentir que no te agotas. Puede sonar paradójico con el punto anterior, pero sin motivación esto no sería posible ni de lejos.
  3. Las habilidades que gano: progresar, ver lo que va funcionando y lo que no. Hacerme más profesional en mi campo, tener las cosas claras y estar bien organizada facilita muchísimo el trabajo y ralentiza los tiempos.
  4. Cumplir un propósito: siempre había querido emprender y estar cumpliendo el sueño te llena interiormente. Soy más feliz, no busco cumplir una próxima meta porque soy consciente de que mi realidad ahora mismo es lo que siempre había buscado. Dicen que a veces, cuando cumples un sueño, vas a por el siguiente. No en mi caso.
  5. El sentimiento de merecer: ahora que me voy de vacaciones, son las primeras (a excepción de fines de semana largos) que me las voy a pagar con mi propio dinero y se sienten como más merecidas. No pienso limitarme en nada, siento que me lo he ganado y el dinero se ve de un modo totalmente distinto.

Solo espero que mi vida siga así. Aunque también tengo claro que dentro de un par de años miraré atrás y pensaré: ¿cómo podía hacer todo esto yo sola? Sacrificios que una tiene que hacer cuando empieza.

Para terminar, os dejo con una canción de Pau Vallvé, cuya melodía no es original suya, sino de Daniel Lumbreras, pero su letra toma sentido y no puedo parar de escucharla en bucle.

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