Crítica de Gambito de Dama (The Queen’s Gambit)

Crítica de GAMBITO DE DAMA (The Queen’s Gambit)

Hoy os vengo a hablar de una de las mayores sorpresas del año: os traigo la crítica de Gambito de Dama (The Queen’s Gambit), una serie producida por Netflix homenaje al ajedrez en su época más espléndida, ambientado en los años 1950-1960. Esta crítica no contiene spoilers.

Os pongo un poco en contexto: Elisabeth Harmon (Anya Taylor-Joy) se queda huérfana a los siete años de edad e ingresa en un orfanato. Allí aprenderá a jugar al ajedrez junto al conserje, un hombre mayor que pasa su tiempo solo en el sótano. La inteligencia extraordinaria y el don que tiene Elisabeth por el ajedrez no pasarán inadvertidos y su carrera empezará en aquel preciso momento. Cuando un matrimonio decide adoptarla, una vez ya fuera del orfanato, Elisabeth verá su oportunidad para sacarle todo el potencial que tiene por el ajedrez e iniciará un tour por todos los campeonatos demostrando que es la mejor.

Es posible que la primera impresión no sea la más buena: ¿ajedrez? Qué aburrimiento, si yo no tengo ni idea de ese juego. Al menos esta fue mi reacción inicial que, además, si a eso le sumamos la estrategia promocional de la serie no creo que ayudara mucho: Gambito de Dama es un nombre que no te transmite demasiado si no tienes ni idea del ajedrez (solo cuando ves la serie te empieza a gustar) y con aquella foto principal donde aparecía Anya Taylor-Joy con su peinado pelirrojo, me esperaba una serie de época que me daba mucha pereza comenzar. Pero no tenía nada que ver con eso y la sorpresa ha sido increíblemente positiva.

Crítica de Gambito de Dama (The Queen’s Gambit)

Es muy difícil conseguir un ritmo ágil y tenso a través de una partida de ajedrez, que es probablemente el juego más lento del mundo. Además, seamos sinceros, puede que alguna vez hayas echado alguna partida entre amigos pero no es el juego de mesa más habitual a día de hoy y pocos de nosotros entendemos lo que se cuece en el tablero. Por lo tanto, la serie tenía dos retos: no aburrir y no pasarse de “técnica” (es decir, que el espectador no entendiera absolutamente nada). Pues todo lo contrario: se consigue una adicción a las partidas de ajedrez gracias a una dirección y un montaje extraordinarios. Incluso los que no sabemos jugar, quedamos fascinados y enganchados a las partidas.

He visto bastante hater por Twitter, jugadores de ajedrez que critican las jugadas y las técnicas que se usan. Aquí mi mensaje: si realmente fuera una serie solo para jugadores de ajedrez, si esa fuera la intención, estaría destinada al fracaso. Si únicamente te has quedado en cómo se mueven las fichas por el tablero, te quedas con un cinco por ciento de la serie, porque va bastante más allá.

Entiendo que los jugadores del ajedrez quieran defender lo que es suyo, pero no os preocupéis: la serie os está poniendo en un pedestal a todos aquellos que dedicáis horas a este juego y que demostráis actitudes como la paciencia y la concentración en esta a época actual caracterizada por la fugacidad y lo inmediato. La verdad es que sois bastante únicos los que todavía podéis hacerlo.

Cuando digo que no es solo una serie sobre el ajedrez es porque se consiguen tratar otros temas muy interesantes. Uno de ellos es el político: Gambito de Dama se ubica entre los años 1950 y 1960, la época en que el ajedrez era un juego internacional muy respetado y consolidado coincidiendo con la Guerra Fría.

Crítica de Gambito de Dama (The Queen’s Gambit)

Elisabeth Harmon es un personaje ficticio pero aun así, la mezcla entre realidad y ficción es fácil de ver: ella es la representante de Estados Unidos mientras que Vasily Borgov, su eterno rival, el de Rusia. En la vida real, no es ningún secreto que los problemas entre Estados Unidos y Rusia durante la Guerra Fría llegaron incluso a extremos competitivos a través del ajedrez, así que Gambito de Dama nos recuerda esta época de orgullo nacional entre naciones. Perfectamente Elisabeth Harmon podría ser la representación americana como lo fue Bobby Fischer , y Borgov el campeón mundial ruso Garri Kásparov.

Y finalmente, ella, Elisabeth Harmon, uno de los personajes más interesantes y completos de este año. Harmon es una chica extraordinariamente inteligente y extremadamente competitiva, que se desvive por el ajedrez. Sin embargo, la serie ha destinado gran parte de su tiempo a contarnos por qué es así y a compartir con los espectadores cómo es Harmon cuando no juega al ajedrez: sus traumas de infancia, su adicción por los tranquilizantes y al alcohol, y su incapacidad de crear vínculos fuertes con las personas. El personaje aparentemente perfecto de Harmon, quien cuando ya es mayor todos idealizan y desean, convive con los monstruos de su pasado que a menudo obstaculizan su carrera. 

Pero tiene la gran suerte de contar con amigos y amantes del sector que confían en ella y la ayudarán en lo que puedan: Benny Watts, interpretado por Thomas Brodie-Sangster, Harry Beltik, por Harry Melling (nuestro querido Dudley) o Jolene, su compañera de orfanato (Moses Ingram) entre otros. Sin duda, los personajes secundarios son de gran valor y aportan mucho en esta historia protagonizada por Harmon.

Para terminar esta crítica de Gambito de Dama, ya solo me queda animaros a que la veais y que os adentréis en el mundo de los campeonatos del ajedrez. Viviréis de primera mano la competición, la presión, las victorias y las derrotas, al lado de una protagonista magnífica y de un squad de lo más heterogéneo y auténtico.

Y por cierto, aunque a todos nos gustaría seguir viendo a Elisabeth Harmon sumando victorias en una segunda temporada, en el fondo sabemos que no hace falta alargarla más. Así que esperemos que Netflix tome la decisión correcta y sepa poner el punto y final (aunque lo dudo).

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