GARODEN, de Jiro Taniguchi.

Reseña de GARODEN, de Jiro Taniguchi. Lucha nipona de peso

Crearse un estilo propio y reconocible es harto difícil, bien es sabido. Todo el mundo tiene su originalidad, pero no es tan fácil plasmarlo en el arte. El maestro Taniguchi, posiblemente el autor de cómic japonés que más géneros distintos ha tocado y todos con acierto (ciencia-ficción, western, policíaco, gastronómico…), sin duda tiene un estilo muy reconocible. Aparte de sus mandíbulas cuadradas y su trazo de línea clara, dibuja anatómicamente los cuerpos de una manera muy característica.

Donde mejor podemos observar este distintivo es en la última obra publicada por la editorial Ponent Mon en una preciosa edición. Esta vez el maestro toca un género casi inédito para él (acostumbrados como nos tenía al género de la contemplación reposada como ‘El gourmet solitario’ o ‘El almanaque de mi padre’): la lucha libre, adaptando la novela de Yumemakura Baku

Es curioso que parta de la adaptación de una novela porque si algo se ha echado en falta aquí es algo más de enjundia en la trama. Es verdad que Taniguchi no se caracteriza tampoco por unos guiones de grandes giros ni argumentos enrevesados (ver ‘Los guardianes del Louvre’) pero aquí la simpleza de la revancha sabe a poco, todo sea dicho.

En cuanto al dibujo sigue teniendo ese encanto tan suyo, eso sí, durante todas sus páginas asistiremos inquietos a escenas de lucha con guerreros cuanto menos… digamos que no de peso pluma precisamente. Pero hay que concebirlo como una licencia artística en su esfuerzo por dotar de realismo y cercanía a las escenas de combate

Reseña de GARODEN, de Jiro Taniguchi

Correcto como siempre, con un dibujo gustoso y con escenas que destacan y sorprenden más que otras; a mí, que me siguen fascinando titulazos como ‘El rastreador’, ‘El gourmet solitario’ o ‘Crónicas de la era glacial’, está última aportación al género de lucha me ha dejado precisamente algo frío; inquieto por el sobrepeso de unos luchadores entrenados para soportar todo, menos quizá un camión de donetes.

Ahora en serio, sabiendo que atiende a un estilo propio alejado de la musculación de superhéroe americano y que se trata del gran Taniguchi, bien vale una oportunidad. No besarás la lona, pero un par de ganchos sí que se agradecen encajar. 

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