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Crítica de PULLMAN, de Toni Bestard

Realmente Filmin tiene un catálogo de películas fascinante. Casi todos los clásicos y los films indies que han pasado desapercibidos en las salas de cine están allí. Sin duda, Filmin completa tu experiencia como cinéfilo y te trae producciones que ni sabías que existían. Hoy os traigo la crítica de Pullman, dirigida por Toni Bestard que se estrenó el 2019.

La historia gira alrededor de Daren y Nadia, ambos nacidos y residentes en Mallorca pero de familias inmigrantes, con culturas muy distintas. Viven en un bloque de edificios que se encuentra en medio del ocio nocturno barato de Mallorca, lleno de borrachos y vicio. Durante las vacaciones de verano, ambos se aburren en sus casas y deciden iniciar una jornada de aventuras por el barrio y sus afueras. 

En este trayecto, toparán con varias personas marginadas de la sociedad que indirectamente les ayudarán a ver otra cara del mundo: una prostituta transexual que es abandonada en medio de un descampado, un yonki muerto o un pallaso borracho sin gracia que deambula por el centro comercial son algunos de los ejemplos. Por distintos motivos, pero todos tendrán en común el sentimiento de soledad.

Después de esta breve sinopsis, vamos con la crítica de Pullman. La película tiene cosas muy buenas pero también algunos fallos que hacen que no sea del todo redonda. Si hay algo que consigue a la perfección es reflejar esta imagen de una infancia abandonada y triste. Con dos familias culturalmente diferentes pero ambas de clase baja, Nadia y Daren se sienten solos y aburridos, sin nada que alimente su imaginación ni que les despierte emociones fuertes.

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Nadia tiene una madre que trabaja muchas horas y no puede estar pendiente de ella, y su hermana no se separa del móvil: no le queda más remedio que peinar por décima vez el pelo ya estropeado de su Barbie y observar celosa por la ventana como juegan a fútbol sus vecinos.

Daren vive con una familia religiosa y de clase trabajadora. Tampoco tiene amigos en el recinto de edificios, que no quieren aceptarlo en el grupo, y refugia en las pantallas. El padre justo empieza el ramadán y Daren quiere seguirlo por primera vez: el calor del verano y la falta de hambre no ayudarán tampoco a que Daren viva un verano lleno de energía.

La película de Toni Bestard transmite una nostalgia triste, manchada por la inocencia de estos dos niños que todavía no entienden cómo funciona el mundo y una creatividad reprimida por falta de recursos, no necesariamente materiales sino una ausencia causada por falta de personas con quienes conectar y de emociones dormidas.

Por otro lado, he tenido la sensación que el objetivo de la película también era tratar temas más delicados como las adicciones, la prostitución e incluso la pedofilia. Unas condiciones que tienen consecuencias similares: la marginación de la sociedad. En este viaje, Daren y Nadia se encontrarán con personas no integradas y con graves problemas. Almas solas, deambulantes y mendigas, como los dos pequeños en un cálido día de verano. Por razones totalmente distintas, pero la soledad es un sentimiento común y lo que une a todos los personajes que aparecen en Pullman, independientemente de su situación.

Es cierto que esta ambición de tocar tantos temas complicados en una película de hora y media me ha parecido demasiado y el resultado final puede ser algo superficial. Si bien lo que comentaba anteriormente, este sentimiento de nostalgia y tristeza en las vidas de Daren y Nadia se ha conseguido muy bien, la otra lección sobre la que reflexionar ha quedado en un intento flojo.

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Finalmente, a nivel de ejecución Pullman no termina de ser redonda: tiene algunos errores de continuidad (el pintalabios de Nadia, por ejemplo, que a veces lo tiene puesto y otras no) y el casting no es lo mejor del mundo, la mayoría de actuaciones se ven antinaturales (el mejor sin duda es Keba Diedhou, quien interpreta a Daren).

Y algo un poco tiquismiquis pero la película pierde algo de realismo con esta jornada eterna: el viaje de Nadia y Daren es infinito, en menos de un día tienen tiempo de hacer mil cosas, de ir y volver de varios sitios, desde pasar horas en un centro comercial a subirse a las atracciones de un parque de atracciones. Se ha querido abarcar demasiado, cuando a veces es mejor centrarse en un par o tres de cosas y explotarlas más. O quizás el director ha ignorado a conciencia el realismo y su idea ha sido puramente transmitir esta energía de los niños, hasta ahora tan reprimida, una energía que ni el propio tiempo puede limitar. Si es así de profunda la reflexión, lo compro.

En resumen para terminar esta crítica de Pullman: una película que, a pesar de sus pocos recursos, no ha perdido la ambición de querer transmitir muchas emociones al espectador. Pullman lo hace muy bien en el campo de la nostalgia y sin duda, Bestard ha dirigido desde los ojos de un niño, pero en mi opinión ha querido comprender demasiados temas a la vez. Una película que deja un sabor amargo entre la tristeza y el alivio, y que muestra sin tapujos el contraste del turismo barato de Mallorca con las vidas de estos niños, que intentan mantenerse inocente. Y no es para nada compatible. 

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