reseña el estilita

Reseña EL ESTILITA de Uri Costak

Todavía hay esperanzas con las historias cortas. No es ningún secreto que el sector editorial publica y publica, a un ritmo frenético, la mayoría de veces novelas breves casi sin editar ni corregir. Sin embargo, es cierto que de vez en cuando encontramos un oasis de lectura que nos permite desconectar un par de horas y quedarnos con una sensación de tranquilidad poco habitual. Hoy os traigo la reseña de El estilita de Uri Costak.

El Estilita es una novela de poco más de 120 páginas publicada en catalán por Amsterdam y en castellano por Destino, escrita por Uri Costak. En su primera novela ha conseguido homenajear el presente y, sin tener intención ninguna, compartir una breve clase de filosofía sobre el mundo frenético en el que vivimos.

Sinopsis

Cuando un rayo hace esclatar la estatua del conde Itali Rodari, la estupefacción y el temor se apoderan del pequeño pueblo francés de Gyors de la Montagne. Sin su principal atracción, los turistas desaparecen. De repente sucede un hecho insólito: un vagabundo desconocido trepa la columna con el objetivo de quedarse allí todo el tiempo que le permitan. El alcalde Laville y su consejero Serge tendrán que decidir qué hacer, del estilita y su sorprendente petición. El mundo los mira.

En un mundo en el que todo iba rápido… un hombre decidió parar

El Estilita habla sobre la velocidad del mundo en el que vivimos: nos cuesta relajarnos y, aunque suene a tópico, disfrutar de las pequeñas cosas. La novela parte de esta premisa pero va un poco más allá y se centra, sobre todo, en las reacciones de la gente frente al vagabundo: ¿por qué nos sorprende ver que alguien escoge su propio ritmo? ¿Su propia manera de vivir la vida de un modo tan… puro? ¿Sencillo? El estilita ha escogido su propio rumbo y se abre un debate sobre la convivencia y el respeto: ¿qué implica que un hombre pueda instalarse en la columna?

La imagen en sí es algo ridícula: los turistas vuelven al pueblo para ver una persona encima de la columna. Así somos de absurdos, tenemos una tendencia a minimizar las cosas propias del mundo frío y superficial que vivimos.

Lo que nos tendría que fascinar no es el hombre encima de la columna, sino sus motivos, que van a contracorriente con los del resto. A diferencia de los turistas que solo vienen a hacer fotos y a presenciar lo que se llamaría un record guiness, algunos habitantes del pueblo, como el alcalde o la vecina que lo observa desde la ventana, sí que intentarán comprender sus razones y acercarse a él. Mientras unos solo piensan que es un loco raro, para otros supone un evento que les hará replantear su propia manera de ver las cosas.

Lo bonito de esta historia es que Uri Costak no quiere dar una lección de filosofía barata ni hacer algo sumamente profundo, sino que a través de un cuento muy de tradición oral, hace una alegoría sobre nuestra propia libertad en una novela realmente inocente y poética. Durante dos horas consigue  parar el tiempo, como el estilita meditando encima de la columna. 

Para terminar esta reseña de El estilita, solo queda decir que uno como lector termina la historia preguntándose dónde estará ahora el estilita, por dónde vagabundeará y si habrá encontrado un nuevo lugar donde acomodarse durante un tiempo. Es fácil imaginarse al estilita viajando por el mundo y la respuesta es porque existe de verdad, pero nos cuesta aceptar que existen personas que han sido capaces de combatir el ritmo de vida impuesto actualmente.

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