Mi problema con Ishiguro

«Who, in novels of great emotional force, has uncovered the abyss beneath our illusory sense of connection with the world»
 
A finales del año pasado, decidí emprender un recorrido histórico por los Premios Nobel de la Literatura. La idea es un poco exagerada: quiero crear una estantería protegida con vitrina como si de una obra de arte en un museo se tratara, y coleccionar todos aquellos autores premiados.
Qué mejor manera de empezar que con el último escritor en recibir el Premio: Kazuo Ishiguro. La intención era leerme uno de sus libros, aquel con más buenas críticas, y pasar al siguiente autor, ya que la lista de ganadores del Nobel es un poco larga (desde 1901 hasta el día de hoy). Pero tengo un problema: este modus operandi no puede aplicarse con Ishiguro. Es imposible leerse solo un libro suyo y pararse, no querer seguir con otro. Como la Academia Sueca lo define, Ishiguro es un <<autor de enorme integridad>>. No puede estar más de acuerdo con tal descripción.
 
Sin embargo, debo confesar que estoy confundida con Ishiguro. La situación es la siguiente: me leí Nunca me abandones y me fascinó, a continuación seguí con El gigante enterrado y me decepcionó. Ahora tengo en mis manos Los restos del día y tengo una corazonada de que esté al nivel de Nunca me abandones. En esta primera entrada, quiero hablar de los dos primeros libros mencionados: una crítica muy positiva y otra, desafortunadamente y con todo el dolor de mi corazón, no tan favorable. Ya cuando termine con Los restos del día os contaré el desempate.
 

Nunca me abandones

unknownj

Nunca me abandones es una buena novela para empezar con Ishiguro y conocer el estilo del autor. Honestamente, me cuesta describir este libro de forma breve porque hay demasiada admiración.
 
Empezaré con sensaciones. Nunca me abandones es una novela de colores cálidos: cuando lo lees, percibes el color amarillo, naranja y marrón en tu interior; colores de la nostalgia de un pasado, de la tierra. No es un libro que únicamente se lee, sino que lo sientes en la piel con cada anécdota que cuenta Kathy, nuestra protagonista.
Nunca me abandones mezcla la nostalgia y una trama dramática con la ficción, en un contexto cero futurístico. Me recuerda en ciertos aspectos a Blade Runner pero sin su distopía catastrófica: Blade Runner es negro, plateado, violeta; son colores del futuro y de la tecnología. En Nunca me abandones, la ficción se introduce de manera discreta y te sorprendre: ¿cómo es posible que en un argumento tan cotidiano, en un ambiente tan rural, con unos personajes tan humanos, haya sitio para cierta ficción?
Aquí ya percibimos el estilo de Ishiguro: la ficción es secundaria y esto para mi es una novedad. Al autor no le interesa hablar de la ficción, y sin embargo, esta forma parte de la novela. Se introduce de manera muy discreta pero es a la vez el pilar sobre el cual gira la trama. Estamos acostumbrados a clasificar los libros en géneros muy diferenciados: ciencia ficción, fantasía, novela negra, literatura. Nunca me abandones no lo encontrarás en la estantería de ciencia ficción: es pura literatura. Es pura emoción y mucha sensibilidad. Así es como resumiría yo la novela.
 
El argumento es cronológico: narra la vida de tres personajes – Ruth, Kathy y Tommy – y la relación entre ellos. Esto es lo que trascendental en la novela: sus vidas y cómo crecen, como evolucionan. Hacia dónde van. Conoces a los personajes únicamente a través de las anécdotas y memorias que cuenta Kathy: es una técnica muy peligrosa si no sabes dominarla bien, porque introducir centenares de recuerdos aleatorios puede llevar fácilmente a una estructura caótica, desordenada e incoherente, y sobretodo, a una novela con tramas poco integradas. Solo los grandes autores pueden permitirse hacer una novela entera a partir de anécdotas y evitar crear un diario personal con poca profundidad. Ishiguro, en cambio, nos lo entrega en dosis muy acertadas. De manera discreta, sensible y en el momento correcto, nos presenta recuerdos aparentemente intrascendentes que solo se vuelven simbólicos con el conjunto total de la historia.
 
Esta es otra característica a destacar de Nunca me abandones: decir lo que se tenga que decir en el momento correcto. Ishiguro no tiene prisa por rebelarnos ciertos secretos o momentos del pasado. Por ejemplo, uno no se da cuenta de que está leyendo un libro de trama tan fatídica hasta la mitad de la novela (no es ningún spoiler, en la contraportada ya se te informa). El autor te deja pistas, te suelta palabras y no te las define, y te deja reflexionando. Juega a ser discreto y demuestra mucha paciencia como buen escritor a no querer soltar la bomba en un solo párrafo o en las primeras páginas de un libro. No, Ishiguro te lo entrega en pequeñas dosis. Te cuenta algo en la página 10 y lo retoma en la página 200. Y este misterio te completa.
 
En resumen, mi experiencia con Nunca me abandones se reduce a mucha emoción a través de las vidas de unos personajes muy auténticos. No importa la trama, no importa la ficción: importan ellos, Kathy, Ruth y Tommy. Lo que sienten y la capacidad de Ishiguro para transmitirlo. Un libro escrito con suma elegancia y sensibilidad. 
 
 

El gigante enterrado

unknown
 
La última novela de Ishiguro la escogí porque a diferencia de las otras, esta tiene la portada azul (todas las otras llevan el color amarillo corporativo de la Editorial Anagrama). Y también porque en la contraportada, Alex Preston (The Observer) lo comparaba con Juego de Tronos y la mezcla de Ishiguro con la saga de G.R.R. Martin me explotó en la cabeza, no os voy a mentir.
 
Empecé a leer El gigante enterrado con expectativas muy altas: después de Nunca me abandones, sabía que Ishiguro podría mantenerse en el mismo nivel e incluso sorprenderme aún más, plasmar su experiencia acumulada (hay 10 años entre una novela y otra). Sin embargo, es un libro bastante diferente. Me duele contar que la novela me decepcionó por su final: disfruté de la tensión a lo largo del libro pero no me completó. Vamos a empezar.
 
En un contexto histórico de la Inglaterra de la edad mediana, Ishiguro diseña una trama muy medieval con elementos propios de la época: caballeros, pueblos, dragones y magia. Ya en la creación de este mundo, veo poca creatividad en Ishiguro, quien quiere mantener los ingredientes que forman parte de la Edad Medieval y no se atreve con su imaginación para ir un poco más allá y hacer del universo algo más personal y único.
 
Sin embargo, Ishiguro vuelve a hacer lo que hizo en Nunca me abandones: lo importante no reside en estos elementos medievales sino en el fondo emocional y las meditaciones de los personajes principales. Se trata de una pareja de ancianos, Axl y Beatrice, que abandonan su pueblo para ir en busca de su hijo. En todo el continente, hay una boira maldita que borra los recuerdos de la gente, y la novela es básicamente el viaje de la pareja para encontrar al descendiente. La novela, pues, no tiene la intención de narrar simplemente el viaje en sí. Ishiguro quiere mostrar el fuerte vínculo entre Axl y Beatrice a través de su amor maduro. El punto central del libro reside en la reflexión sobre la necesidad de recordar u olvidar si finalmente la boira desaparece y todo vuelve a la normalidad ¿Qué es lo mejor para su amor y seguir viviendo felices? ¿Qué pasará si recuerdan cosas no gratas del pasado?
 
El intento de reflexión es bueno pero no logras «sentirlo en la piel» como Ishiguro consigue en Nunca me abandones. Los diálogos son secos, bastante planos y hasta forzados, así como las aventuras en el viaje son demasiadas hasta el punto que te despistan de la meditación emocional. Cuando lees, tienes la sensación de que el trayecto de los ancianos, con los elementos mágicos, las nuevas amistades con caballeros y la lucha con pueblos enemigos, son el objetivo principal de la historia. Hay personajes que se pierden en la trama, hay problemas que no se resuelven y se quedan a medias (tu esperas que Ishiguro los recupere en algún punto y simplemente no vuelven).
Entonces llega el final de la novela con un desenlace poco logrado y muy incompleto que poco tiene que ver con la intención del autor de dejar un final abierto para que el lector decida. Creo que Ishiguro quería conseguir que reflexionáramos sobre el olvido, la vejez, el amor, en estas últimas páginas de una manera tan potente que después de tanta ficción, no se diera importancia a un final sin resolver. Y tu únicamente lo que esperas es que los problemas que se han ido generando a lo largo de la trama, las batallas y el destino de los personajes, se resuelva. ¿Lograrán encontrar al hijo? ¿Conseguirán hacer desaparecer la boira? ¿Qué recordarán, entonces?
Arrastras una tensión a lo largo del libro que queda insatisfecha. Tampoco acabas de identificarte con los personajes. Quizás es por el uso principalmente de la tercera persona y todo es más objetivo y desde mi punto de vista, más frío.
En mi opinión, aquí está el problema de El gigante enterrado: no consigue emocionar y las múltiples aventuras te distraen de esta reflexión final. En este caso, sí que colocaría El gigante enterrado en la estantería de ficción porque no lo he percibido como pura literatura, sino como una fábula en su definición más literal.
Así que terminas el libro son un sabor agridulce y te haces muchas preguntas: ¿Por qué hay tantas cosas de la trama sin resolver?¿Seré yo que no he sabido entender a Ishiguro o es él quien ha fallado con esta entrega? Luego comprendes que un libro de literatura no tienes que entenderlo sino sentirlo dentro de ti y que está bien aceptar una derrota.
De todos modos, me gustaría compartir la opinión con alguien. Nada me haría más feliz que valorar más esta novela. Yo sigo confiando plenamente en Ishiguro, así que tengo en mis manos <<Los restos del día>> para recuperar la ilusión con él.
Ishiguro es un grande. No me importa que El gigante enterrado me haya defraudado en ciertos aspectos. Su sensibilidad, sutileza y capacidad por contar historias hermosas, de mezclar géneros y definir personajes me ha fascinado.
 

Sé el primero en comentar

Deja un comentario