In between

Cada día, un título

Una de las cosas que me propuse hacer este 2026 para romantizar mi vida es poner un título a cada día. Y tengo que decir que lo estoy cumpliendo desde el 1 de enero. A día de hoy, mi historia ya lleva 59 capítulos.

La idea inicial era solo poner un nombre, pero empecé añadiendo un par de frases describiendo el día y dando sentido al título. Así que, sin buscarlo, hago journaling en una nota del móvil. Siempre he sido de libretas: tengo multitud de ellas anotadas, diarios de muchos temas personales, y siento un poco de pena por cómo he pasado, sin quererlo, del papel al móvil. Pero también es cierto que, si busco cumplir con eso cada día, la practicidad vale más.

La pregunta es si haré algo con esta lista de capítulos al final del año. En el pódcast El club de los escritores compartían una vez que, para superar el síndrome de la página en blanco, puedes hacer una lista de títulos y, a partir de ahí, trabajar la historia. Puede ser un ejercicio divertido tener una lista de 365 capítulos y darles forma, a ver cómo se entrelazan entre sí. Puede que la memoria me juegue una buena pasada y sea capaz de recordar cada día vivido y, a partir de ahí, crear una historia más o menos coherente y afín a mi realidad. Sea como sea, no es el objetivo.

Aunque siempre he querido escribir un libro, he oído estas afirmaciones a menudo: primero, que muchos libros se escriben sin querer. Este puede ser uno. Bueno, más que un libro, sería una colección de historietas, además totalmente personal, sin ninguna voluntad de publicarlo. Y segundo, que un libro se escribe cada día. Las pausas, retomar un libro meses después, etcétera, es lo peor para el proceso creativo. Va a salir algo más coherente de una historia que se escribe cada día que de una escrita a lo largo de años. Así que, si de algo puedo estar segura, es de que lo que pueda nacer de esta lista será muy yo. Muy Iona del 2026.

PD: Me encantaría compartir la lista de títulos como prueba, pero, como os comentaba, lo que empezó como algo más creativo se ha vuelto más personal e íntimo.

Reseña de la semana: Despedidas, de Julian Barnes

La semana pasada compartía que muchas veces no somos conscientes de que es la última vez que hacemos algo. Esto no siempre es así; que se lo digan a Julian Barnes, que ha escrito a voluntad su última obra, Despedidas. En esta obra, el autor hace un repaso de su vida y lo relaciona con su principal actividad y profesión: la escritura.

Para mí, Barnes siempre ha sido el rey de la primera persona. Nadie como él domina este punto de vista. De hecho, me sorprendió en obras como Elizabeth Finch, donde usa la tercera. Y en Despedidas nos hemos encontrado de nuevo con la primera persona, pero la suya propia, algo que todavía no habíamos vivido, porque en esta ocasión Barnes habla directamente de sí mismo y sobre sí mismo.

Esta obra ha sido triste de leer porque, como bien indica su nombre, ha sido una despedida que me ha recordado más a una despedida de la vida que a una despedida literaria. Barnes ha hecho una doble despedida, que me ha parecido también una forma preciosa de marcharse. Es que… ¿quién dice que tengan que ser dos despedidas distintas si su vida ha estado tan marcada por la escritura?

Ahora lo que me pasa es que quiero leer más a Barnes; me quedan algunas obras todavía y siento que lo estoy traicionando al saltarme el orden natural de lectura que él mismo ha impuesto. Pero supongo que entenderá que este efecto era algo previsible.

Y, para terminar, no es menor mencionar que con Barnes siempre hay un aprendizaje léxico. Leo con el subrayador en mano; paro cuando veo una palabra desconocida con potencial. La busco, la apunto también en una nota del móvil y añado ejemplos de referencia. De hecho, por curiosidad, os pegaré algunas que salen directamente de Despedidas, por si os resultan útiles:

Solipsismo: la idea (o sensación) de que solo la propia mente es segura y que todo lo demás —las otras personas, el mundo exterior— podría no existir más que como experiencia propia. Un yo tan dominante que parece excluir a los demás: Las redes alimentan un solipsismo raro: todo parece girar alrededor de uno.
Caminar solo de noche da una especie de solipsismo tranquilo.

Si puedes cambiar solipsismo por “burbuja”, “encierro mental” o “todo pasa por mí” sin que la frase se rompa, lo estás usando bien.

Albacea literario: persona encargada de cuidar, administrar y decidir sobre la obra de un escritor después de su muerte.

Roman à clef (o roman-à-clef) es una expresión francesa que significa literalmente “novela con clave”. Se usa para describir una novela de ficción que en realidad cuenta hechos reales, pero disfrazados. Ejemplo: Es una novela de ficción basada en hechos reales, escrita como un roman à clef.

P. D: creo firmemente que este es el año de Barnes para ganar el Nobel. Veremos, que ya sabemos que la Academia Sueca es muy clasista y huye adrede de la opinión pública.

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